sábado, 11 de febrero de 2012

10. Elías Nandino
La preferencia de Villaurrutia por Elías Nandino (1900-1993) es evidente. En el prólogo a Eco, dice: “este hombre que arde y se consume en los ejercicios más diversos, que halla equilibrios momentáneos de la razón y del instinto [...] este hombre que, en una palabra, vive y, sin tener una conciencia lúcida de su deseo, quiere verse vivir, se llama ahora Elías Nandino” (1934: 852). Elías Nandino era el médico poeta capaz de “escribir con fiebre y operar con frialdad”, a juicio de nuestro crítico. Cuando Villaurrutia habla de Nandino parece estar hablando en ocasiones de sí mismo: “ya lo imagino el día más pensado, desprenderse de sí mismo y con precauciones infinitas, lúcido y frío, auscultar su propio tronco ardiente [...] para extraer del interior [...] los ligeros pájaros y los seres marinos que el hombre ha ido ocultando en el hombre” (853).
En prólogo a Eco (1934), Xavier Villaurrutia escribe estas líneas donde se muestra el conocimiento que tiene sobre la vida y la obra de su amigo, incluye una larga introducción antes de hablar de Nandino en donde utiliza la analogía entre el poeta y el cirujano, recurso que se adelanta a la conferencia que dictaría Paul Valéry en octubre de 1938, “Un discurso a los cirujanos”, también comentado por Villaurrutia (1940c: 704). En 1934, Villaurrutia dice: “la intuición luminosa y certera, la razón clara y fría, la mirada rápida y profunda, la mano firme y delicada de un cirujano salvan y prolongan la vida de un cuerpo enfermo, pero anestesiado, sumido en una muerte provisional. Solo el poeta opera en un cuerpo sensible. Solo el poeta corta en carne viva. Ese cuerpo sensible, esa carne viva son los suyos” (1934: 852). Nandino era médico de profesión y gracias a él Villaurrutia verá de frente a la muerte real por las visitas que le permitía durante las cirugías y en el anfiteatro, [7] de ahí que el reconocimiento de los valores de Nandino como poeta se sumara en Villaurrutia con el afecto personal, según le comenta a Novo: “Elías me escribe con frecuencia y con ese cariño que pone en todas las cosas, un cariño rápido y como distraído: un cariño de médico que receta cariño” (1966: 47).

jueves, 2 de febrero de 2012

I

Acosada

Por el tedio,

Eva

como

ausente.

La serpiente

al pendiente.


II

Cuando Eva

desamparada

y lanzada

del paraíso

para siempre

el deseo

sufrió

su primera

excoriación.


III

La cortesía de la luz

una mentira más

del modelo paradisiaco

de la serpiente.


El enroque de

las tinieblas

algo más

que ánimos

y opiniones

del oneroso pago

de intereses vencidos.


La deuda,

hoy y siempre

una letra

de la cartera

vencida

del modelo

neoliberal.



IV

BODEGÓN TERRENAL


Al sentir Eva

En su tierna lengua

El óxido de la manzana.


El jardín de las delicias

Se cubrió

De útiles diversos

Y flores en ámbar

Que por la emulsión

de un lienzo metalizado

restauró su epicarpio

y el color caoba

de las semillas

de la poma

y pasó a formar

parte de otra

naturaleza muerta.


V


En un punto muerto

Cuando la resignación

ancló en el climax

el rejón de la serpiente

se enroscaba

en el árbol del mal.


Y Eva se atornillaba

En su apogeo daba crédito

E Indagaba como sufragar

El costo del fruto.