lunes, 14 de diciembre de 2020

 

 Todo lo que una vez fue vivido

 directamente se ha convertido

 en una mera representación.

                                                                                                                                                                      Debord

Otras pandemias están en esta. Cuántas, no sabemos. Lo que tenemos son diez meses de encierro y contando. La cabeza es un cubo en donde no le caben más mentiras, solo de vez en cuando se aferra a esperanzas. Muy pobres en sus frutos, los futurólogos no logran contagiarnos de su entusiasmo, parece que ambos, circulamos en paralelo, pero no es cierto, uno de los dos está estacionado.

Como dice Debord en el epígrafe a muchos de nosotros que no podemos decir que hemos vivido una pandemia, unos por asustados, otros porque se encerraron y echaron herrumbre en sus pies y en su contorno creció el zacate. La yerba es mala cuando nadie la cultiva, el zacate verde es la misma vegetación que nos dice cada día que estamos alcanzando la edad definitiva, la sin retorno, por ello no cultivamos el jardín. Y nuestro jardín interior no sirve porque la falta sol y público.

Sin ambos es difícil[jerb1]  que encontremos la pasión, y sin pasión la vida se torna aburrida y el aburrimiento mata o degrada.

Todos nos negamos a echar la vista atrás, porque vivimos al día, amanecemos respirando tranquilamente y descansamos de una obsesión que nos persigue y nos acarrala que nos impide ser nosotros, que nos lacera y corroe. Y Vamos todos como en un barco fantasma, navegamos y paramos sin tocar puerto, sin terminar el viaje, somo pasajeros al infinito, daremos vuelta y vuelta y el coronavirus ahí, amenazándonos, dejándonos sin respiración, y hasta que la inanición nos alcance.

Yo tengo la vista cansada por no mirar lejos, mi vista vive como yo, al día y de forma precaria, privado de gustos placeres y demás convivencias con seres queridos y amigos. Nuestro alejamiento es tal que retomar lo que hacíamos antes nos resulta de muchísima dificultad, no sabemos por dónde empezar.

Ayer leía una novela obscura, de esas que dices: Imposible que esto vuelva escribirse, en nuestros días solo serviría para aburrir a la gente, y si te digo que la escribió un premio nobel no lo creerías. Pero que curioso la escritura es lo mejor que puedo hacer para ir regenerando mi espíritu, falta saber si deveras se puede regenerar, porque escribir tres renglones lo hace cualquiera.

Es por ello que me urge enfocarme en una terapia ocupacional, para pensar en la pandemia cada vez menos tiempo, hasta que mi mente logre ir en busca de satisfactores que alimenten nuevamente mi agotado espíritu, mis ansias de mirar la cosas y las gentes, ahora si que como éramos antes.

Lamento no ser de esas pocas gentes que sacaron provecho de la pandemia.

Trataré el resto de vida ignorar este Tiempo Nublado, este nuevo amanecer, este empacho de mirar las cuatro paredes sin encontrar los paisajes que solía mirar y disfrutar. Y las cosas que me gustaba ver, los sitio en los que solía estar y pasar buena parte del día. Y ahora no se si quiero volver ahí, porque con la nueva normalidad no sabes ni qué, ayer tuve que salir y fui a un café a leer, a sentir el domingo, y cuando llego estaba retacado de gente y sin sillar, como que a fuerza querían que te llevaras tu bebida, y así no. El café es vida y la vida no puede ser café, se ha tornado obscura.