Todo lo que una vez fue vivido
directamente se ha convertido
en una
mera representación.
Debord
Otras pandemias están en esta. Cuántas, no sabemos. Lo que tenemos son
diez meses de encierro y contando. La cabeza es un cubo en donde no le caben
más mentiras, solo de vez en cuando se aferra a esperanzas. Muy pobres en sus
frutos, los futurólogos no logran contagiarnos de su entusiasmo, parece que
ambos, circulamos en paralelo, pero no es cierto, uno de los dos está
estacionado.
Como dice Debord en el epígrafe a muchos de nosotros que no podemos
decir que hemos vivido una pandemia, unos por asustados, otros porque se
encerraron y echaron herrumbre en sus pies y en su contorno creció el zacate.
La yerba es mala cuando nadie la cultiva, el zacate verde es la misma
vegetación que nos dice cada día que estamos alcanzando la edad definitiva, la
sin retorno, por ello no cultivamos el jardín. Y nuestro jardín interior no
sirve porque la falta sol y público.
Sin ambos es difícil[jerb1] que encontremos la
pasión, y sin pasión la vida se torna aburrida y el aburrimiento mata o
degrada.
Todos nos negamos a echar la vista atrás, porque vivimos al día,
amanecemos respirando tranquilamente y descansamos de una obsesión que nos
persigue y nos acarrala que nos impide ser nosotros, que nos lacera y corroe. Y
Vamos todos como en un barco fantasma, navegamos y paramos sin tocar puerto,
sin terminar el viaje, somo pasajeros al infinito, daremos vuelta y vuelta y el
coronavirus ahí, amenazándonos, dejándonos sin respiración, y hasta que la inanición
nos alcance.
Yo tengo la vista cansada por no mirar lejos, mi vista vive como yo, al
día y de forma precaria, privado de gustos placeres y demás convivencias con
seres queridos y amigos. Nuestro alejamiento es tal que retomar lo que hacíamos
antes nos resulta de muchísima dificultad, no sabemos por dónde empezar.
Ayer leía una novela obscura, de esas que dices: Imposible que esto
vuelva escribirse, en nuestros días solo serviría para aburrir a la gente, y si
te digo que la escribió un premio nobel no lo creerías. Pero que curioso la
escritura es lo mejor que puedo hacer para ir regenerando mi espíritu, falta
saber si deveras se puede regenerar, porque escribir tres renglones lo hace
cualquiera.
Es por ello que me urge enfocarme en una terapia ocupacional, para
pensar en la pandemia cada vez menos tiempo, hasta que mi mente logre ir en
busca de satisfactores que alimenten nuevamente mi agotado espíritu, mis ansias
de mirar la cosas y las gentes, ahora si que como éramos antes.
Lamento no ser de esas pocas gentes que sacaron provecho de la pandemia.
Trataré el resto de vida ignorar este Tiempo Nublado, este nuevo
amanecer, este empacho de mirar las cuatro paredes sin encontrar los paisajes
que solía mirar y disfrutar. Y las cosas que me gustaba ver, los sitio en los
que solía estar y pasar buena parte del día. Y ahora no se si quiero volver
ahí, porque con la nueva normalidad no sabes ni qué, ayer tuve que salir y fui a
un café a leer, a sentir el domingo, y cuando llego estaba retacado de gente y
sin sillar, como que a fuerza querían que te llevaras tu bebida, y así no. El café
es vida y la vida no puede ser café, se ha tornado obscura.