Mis memorias sobre el COVID-19
Cuando eliminamos la solución
lógica a un problema,
lo ilógico, aunque parezca imposible,
es invariablemente cierto.
Sherlock Holmes
Los asuntos que competen a las investigaciones ponen a dudar a todos.
Como eso de que el Banco Mundial envió allá por el año 2019, a por lo menos nueve
países material curativo para el coronavirus, consistente en respiradores. También
es de aceptarse esos recorridos del virus por el hemisferio Boreal, dejando
para más delante el hemisferio Austral. O la preocupante relación de la puesta
en operación de la 5G y el virus, que transparentó que los países pobres
con menos movilidad que los ricos presentan muy pocos contagios y por ende , casos. Acá es cuando el
llamado efecto frontera cobra importancia. La ciencia siempre sometida a
aciertos y errores; dudas y certezas.
O sea que ampliando el escrutinio, nos damos cuenta de aciertos y errores.
O sea. Un error acertadamente publicitado puede enriquecer a quien lo promueve.
Y a la inversa.
Lo que da una idea cierta de la manipulación de datos, pues se
considera que solo el 6% de las muertes registradas son achacadas directamente
al virus. El resto, son a consecuencia de que el virus arreció otras
enfermedades padecidas y los agravó para provocarles la muerte, el caso más
multicitado es la neumonía bilateral. El resto presentaron fallos multiorgánicos.
Las sospechan rebasan toda creencia en la ciencia y en los gobiernos.
Ha llegado a tanto la manipulación de datos y factores contagiantes que mucha
gente cree que el virus no es natural, y que lo soltaron en algún laboratorio.
Sin descartar los laboratorios del ejército, así como los dedicados al
bioterrorismo.
A veces pienso que deberíamos hacer asambleas de creyentes y redes digitales de
incrédulos.
Pero lo que si me parece grave es lo que paso con los doctores Dietrick
Klinghard director de un Instituto de neurobiología y la Dra. Judy Mikovits viróloga
y exdirectora del Instituto Whittemore Peterson en Reno, Nevada. A quienes se
censuro por atacar la existencia del virus y afirmar que la vacuna de la gripa
favorece la infección con el coronavirus y que lleva casi diez millones de
reproducciones, ahora de manera clandestina.
Otra suerte de montajes sobre las posibles causas de que el virus se
transporte por el aire se debe a la detecciones en tierras americanas de partículas
de arena y otros materiales microscópicos procedentes del desierto del Sahara,
como los llamados iberulitos. O las muchas muertes, dizque de coronavirus y que
son más atribuibles a la yatrogenia.