lunes, 9 de octubre de 2023

Fragmento de carta

“Pero también puede ser que ciertas pasiones, de naturaleza sublime, sólo puedan dársenos imaginariamente para no destrozarnos con el monto de su preciada realidad”.

“Tal inconsistencia quizás provenga de jerarquías que cosas y seres están destinados a cumplir en su proceso de superación cuyo riesgo consiste en que de no ser de ella acreedores, estamos siempre a punto de destruirnos”. Págs. 104,105.

3

ESTHER PRYNN

(La letra escarlata de Nathanniel Hawthome)

“Estamos frente a una novela que abriga en sus páginas a seres espectrales que se ven atraídos; que vagan y rondan por sitios para ellos atávicos, como si no tuvieran más vida que aquella que emana, como apéndice, de un suceso especial, categórico, punto clave para entenderse, pues el espacio -el sitio- y el tiempo interior  -un suceso determinado- les dan una coherencia histórica que no por ello les presta una realidad distinta a la espectral”.

“Porque el suceso que volvió espectral a Esther Prynn consistió en haber tenido, siendo mujer casada, una hija de alguién que no era su marido. Tal delito -oscuro tinte que ensombreció su vida la constriñó a vagar por Boston, ciudad puritana que, para aliviar el pecado por medio de una severa penitencia, obligó a la adúltera a llevar para siempre sobre su pecho una letra A, escarlata, que indicaba, por el color, la estridente mancha de la deshonra”. Págs. 176,177

4

PRINCESA DE CLEVES

“Hay personas a las que no se les puede demostrar la pasión que por ellas se siente

 

 

 

Hay personas a las que no se les puede demostrar la pasión que por ellas se siente más que a través de hechos que no les conciernen; y no osando manifestarles que se les ama, se trata, al menos, de hacerles ver que no se acepta otro amor que no sea el suyo”, dice Madame Lafayette en una frase que, a juzgar por el sondeo anímico, bien podría firmarla Marcel Proust”.

“La terquedad de la princesa es el pedestal de su mortalidad. Debido a ello lo más obsesivo y torpe de su naturaleza se convierte en valores morales de grave calidad. Pero en ese escatimar la mitad y sí misma al marido y la otra mitad al  amado se niega su cristalización, su cabal expresión humana. Muy a la ligera, su caso podría juzgarse como cobardía, pues tal es el ángulo lato de su vida. Pero si se observa la medalla de la otra cara, ¿No es la renuncia uno de los más altos signos de cultura y espiritualidad? Págs. 108 y 111.

Tan sólo he subrayado una presencia idealizada.

                                                                                           Olivia Zúñiga

                                                                                       18 de junio de 1918.

 

martes, 18 de abril de 2023

 MIS MEMORIAS DEL COVID-19


  Sigo aquí

Sin ser más ni menos. Ataviado con mis pensamientos, más dichas que desdichas, con más pena que gloria, pero esforzándome en el motivo de mi verdad. Buscando la fórmula que proteja ese bien común que nos conduce a aumentar nuestra pobre capacidad de vivir. Es decir que nos lleve a equilibrios donde cometamos menos errores y dejemos este mundo con pruebas suficientes de que nuestro transcurrir no fue en vano.

Todos sabemos que el ocio a la larga es un gran productor de errores, y que la pereza nos atosiga para que los aceptemos, y de esa forma se deteriore nuestro maltrecho control mental y tengamos que recurrir a pedir apoyo psicológico. En mi caso, y en el de muchas personas no para el intento de convertir ese ocio en algo productivo, que me consuma los menos posible. Pero no hay nadie que pueda juzgar si mi ocio acumulativo y potable va a servir. Por ello considero que mi entretención es un tabú. Ahí acepto y revaloro el hecho de tomar buenas decisiones, a veces justas y en ocasiones injustas, ese ajuste esta diario conmigo, no me abandona jamás.

No faltan días en que me declare en el filo de la desesperación, en la imposibilidad de hacer más con menos, a diario, en mi examen de consciencia al anochecer me recrimino porque pude acumular más logros, y con ese sabor semiamargo me dispongo a dormir buscando siempre que el descanso sea reparador.

Me gustaría tener sueños a colores, pero me conformaría con recordar algo de lo soñado. Hace mucho que no sueño nada. Pero hace mucho que a diario me acosaban las pesadillas. Esto creo va mucho con ser bueno y dormirse con la conciencia tranquila, en ese yo llevo la delantera. Pues las pesadillas siempre me despojaban de algo, eran abarcativas, al grado que sentía que me iban a dejar encuerado en la trastienda, que padecería alguna enfermedad incurable o que perdía alguno de mis miembros, de cierta forma todas eran crueles, siempre yo era el perdedor. Y esa temporada puedo afirmar que es lo más cercado que permanecí a algo semejante a esta pandemia, salvo que nunca pensaba en ellas antes de acostarme a dormir. He ahí la diferencia apareciendo con nitidez, hoy nos acostamos preocupados y amanecemos con la tentación de ir a someternos a una prueba de COVID, por nosotros y por las consecuencia de quienes nos rodean.