Fragmento de carta
“Pero también puede ser que ciertas pasiones, de naturaleza sublime, sólo puedan dársenos imaginariamente para no destrozarnos con el monto de su preciada realidad”.
“Tal inconsistencia quizás provenga de jerarquías que cosas y seres están destinados a cumplir en su proceso de superación cuyo riesgo consiste en que de no ser de ella acreedores, estamos siempre a punto de destruirnos”. Págs. 104,105.
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ESTHER PRYNN
(La letra escarlata de Nathanniel Hawthome)
“Estamos frente a una novela que abriga en sus páginas a seres espectrales que se ven atraídos; que vagan y rondan por sitios para ellos atávicos, como si no tuvieran más vida que aquella que emana, como apéndice, de un suceso especial, categórico, punto clave para entenderse, pues el espacio -el sitio- y el tiempo interior -un suceso determinado- les dan una coherencia histórica que no por ello les presta una realidad distinta a la espectral”.
“Porque el suceso que volvió espectral a Esther Prynn consistió en haber tenido, siendo mujer casada, una hija de alguién que no era su marido. Tal delito -oscuro tinte que ensombreció su vida la constriñó a vagar por Boston, ciudad puritana que, para aliviar el pecado por medio de una severa penitencia, obligó a la adúltera a llevar para siempre sobre su pecho una letra A, escarlata, que indicaba, por el color, la estridente mancha de la deshonra”. Págs. 176,177
4
PRINCESA DE CLEVES
“Hay personas a las que no se les puede demostrar la pasión que por ellas se siente
Hay personas a las que no se les puede demostrar la pasión que por ellas se siente más que a través de hechos que no les conciernen; y no osando manifestarles que se les ama, se trata, al menos, de hacerles ver que no se acepta otro amor que no sea el suyo”, dice Madame Lafayette en una frase que, a juzgar por el sondeo anímico, bien podría firmarla Marcel Proust”.
“La terquedad de la princesa es el pedestal de su mortalidad. Debido a ello lo más obsesivo y torpe de su naturaleza se convierte en valores morales de grave calidad. Pero en ese escatimar la mitad y sí misma al marido y la otra mitad al amado se niega su cristalización, su cabal expresión humana. Muy a la ligera, su caso podría juzgarse como cobardía, pues tal es el ángulo lato de su vida. Pero si se observa la medalla de la otra cara, ¿No es la renuncia uno de los más altos signos de cultura y espiritualidad? Págs. 108 y 111.
Tan sólo he subrayado una presencia idealizada.
Olivia Zúñiga
18 de junio de 1918.