Josè de J. Nuñez y Domìnguez frecuentó Guadalajara con la contundencia de un enamorado, acá se casó y trabó amistad con los integrantes del centro bohemio en la segunda decada del siglo pasado y siempre tuvo la espinita de dedicar un poema a Guadalajara:
Por la algazara de tus pianos(1)
que prolongan en tus calles lo infinito
coro, en inviernos y veranos,
gimiendo bajo las níveas manos
el alma musical de Sandovalito;
o glosando la tristeza precoz
de una chica aplanada por erótico frasco,
difunden el aroma doliente del "Adiós"
de Carrasco.
1-.A partir de 1896 se establecen institutos en donde se enseña a tocar el piano a las damas tapatias, y en aquellos ventanales de antaño, como propios, se escuchaban los acordes al pasar por la calle, eso lo dicen todos los visitantes de la ciudad, duró aproximadamente cuatro décadas, de la hasta 1930 aprox.
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