jueves, 30 de octubre de 2014

EL SENTIR DE DOS ALMAS.


Yo seré para ti cuando me vaya
el mar, la luz, la música y la aurora.

Tu serás para mi cuando te vayas
el mar, la obscuridad, la muerte y las tinieblas.

Mar en tus ojos hay, musgo en los míos
ansia de vivir habrá en tus ojos
ansia de morir habrá en los míos

Habrá luz en tus ojos, música y aurora
habrá amor en tu alma, alegría seductora
pero en la mía tan solo, tinieblas segadoras.


                            Enero 25 de 1950.


                          Milagros Villegas Orozco.

Del libro "Memorias de poemas" E/A. Gdl. 2011.

sábado, 25 de octubre de 2014







































                                                                                                                                                                                    
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Los posos de café
Los posos de café como un método tradicional, visual y atractivo “los símbolos que se encuentran en las paredes son sucesos del presente y hablan del trabajo, dinero y casa;   y el fondo de la taza se relaciona con el pasado.”
Un rasgo de la plática del café son todas aquellas posibilidades que no nos brinda la lectura, pues esta nos conduce a finales cerrados. En cambio la charla abre todas las circunstancias, todos aquellos sentidos figurados que carcomen todo lo anecdótico, que transportándose por lo probable van desenfrenadamente amontonándose en lo incierto. Las recurrencias conforman las historias que se tejen y destejen, pues hacen uso de la información más impertinente y proclaman mentiras como si fueran tropos auténticos y únicos.
Los nuevos modismos no aportan a la discusión. Nuestro recatamiento sigue guardando las distancias y la moderación del habla. No hay comparación entre la voluptuosidad de entonces y la presente jerga de perdida de respeto absoluto. El habla se ha contaminado y los cholos, los libros y el arte pertenecen por contaminación a la legión de la cultura de supermercado
Le Bateau ivre

Desde el primer día que vimos la luz como editores de la revista Tinta en nuestra mesa del Madoka reinó la teoría literaria, ni las frivolidades de la plática opacaron la atención que nos merecían los nuevos movimientos literarios, lo mismo que las recientes publicaciones locales. Fue un festín que encauzó vocaciones, casi la totalidad de los participantes siguen publicando sus textos.
Sólo que los tiempos ya no coinciden, hoy día vives más lejos, vende café en todas las tiendas, oxxos y demás, los parroquianos viven en cotos, los amigos fracturaron sus intereses y las tertulias, lo mismo que la conversación fueron aniquiladas por la tv ,el Facebook y el twitter. Los libros y revistas son electrónicos o digitales. Y si la deficiente luz del Madoka opacó nuestra juventud, también postuló nuestro trabajo editorial. Ahora la claridad tomo el tono de las canas, y nuestro cabello son el símil del párrafo claro y los versos nítidos.

viernes, 17 de octubre de 2014

Carta de Rulfo a Clara Aparicio

Cartas

México, Enero 10 de 1945

Muchachita:

No puedo dejar pasar un día sin pensar en ti. Ayer soñé que tomaba tu carita entre mis manos y te besaba. Fue un dulce y suave sueño. Ayer también me acordé de que aquí habías nacido y bendije esta ciudad por eso, porque te había visto nacer.
No sé lo que está pasando dentro de mí; pero a cada momento siento que hay algo grande y noble por lo que se puede luchar y vivir. Ese algo grande, para mí, lo eres tú. Esto lo he sabido desde hace mucho, más ahora que estoy lejos lo he ratificado y comprendido.
Estuve leyendo hace rato a un tipo que se llama Walt Whitman y encontré una cosa que dice:

El que camina un minuto sin amor,
Camina amortajado hacia su propio funeral.

Y esto me hizo recordar que yo siempre anduve paseando mi amor por todas partes, hasta que te encontré a ti y te lo di enteramente.
Clara, mi madre murió hace 15 años; desde entonces, el único parecido que he encontrado con ella es Clara Aparicio, alguien a quien tú conoces, por lo cual vuelvo a suplicarte le digas me perdone si la quiero como la quiero y lo difícil que es para mí vivir sin ese cariño que ella tiene guardado en su corazón.
Mi madre se llamaba María Vizcaíno y estaba llena de bondad, tanta que su corazón no resintió aquella carga y reventó.
No, no es fácil querer mucho.

Juan