domingo, 17 de enero de 2016

Como ya estuvo bueno de lecturas y ahora hay que chingarle.
Muy de mañana me parè a terminar el prologo de mi nueva publicaciòn, una carpeta con 20 reflexiones de lo que nos ocurre a diario, cuando llegamos a los sesenta años:
Carpe diem
Llegado el momento de comenzar el día no caben pretextos. El ciclo comienza y el encendido de todas las partes del cuerpo muy pronto llegará a su punto óptimo. Es cuestión de detalles, de afinar y coordinar las neuronas con los deseos y entonces todo se puede. La cima más escabrosa quedará atrás como recuento de lo hecho durante el día.
Si apostaste a meter tus ideas en una hoja en blanco llevas todas las de ganar. Solo hay que dar un empujoncito al impulso creativo, el resto se salda a plazos o tomando consejos de quienes fueron expertos en borronear páginas y páginas .Las ideas no son de nadie y muchas veces las palabras son ajenas, por eso hay que robar ideas como decía a la menor provocación mi maestra Genoveva.
Así las cosas, como los objetos, no conducen a nada, lo que se guarda es aquello que construyes con tus manos y para lo que te costó diseñar el objeto y convertirlo en mercancía, en plusvalía, y que quedará como a ti te gusta, siguiendo la máxima de lo bien nacido es pariente de lo bien hecho.
Ese y no otro es el objeto de las presentes palabras e imágenes. Intentando que el carpe diem señale con tinta y papel el gusto por existir y reflexionar.

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