El ESPEJO
¿Cuánto has vivido? Me dijo un anciano. Yo respondí ¿por qué? Porque siempre haces un alto para modelar en los espejos, qué buscas ahí. ¿No te conoces o piensas que la vida es jocosa?
Y entonces piensas que los espejos aparte de traerte mala suerte muy a menudo mienten, provocan que la gente se vea de acuerdo a los ojos que lo miran. Él no dice nada. Soy yo el portador de las muecas hurañas. Y como el reflejo, aunque no seas Narciso hace al hombre tambalearse: yo me tambaleo, tú te tambaleas y todos nos tambaleamos.
Pero somos aquello que los espejos quieren o tenemos una vida aparte, por fuera de las apariencias, digo. Por los alrededores, por aquello que los vidrios con fondo de nitrato no alcanzan a captar ni captaran nunca. Porque a nadie le despierta la vanidad de verse reflejado en un vidrio mentiroso, eso solo nos ocurre a pocos humanos, porque hay gente que prefiere no tener espejos por aquello de que si se rompe te cae la maldición.
También algunos, los más creo, que mandan a hacer sus espejos a modo, de manera que no se les vean las manchitas de la piel que nos salen quieras o no, cada siete años. Hay quien se mira al espejo como si el vidrio fuera el mejor exfoliante.
En fin si la matemática no puede con el espejo y esta sólo contribuye al objeto del deseo está por demás implorar favores a la ciencia. ¿O no?
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