lunes, 7 de noviembre de 2016

El ESPEJO
¿Cuánto has vivido? Me dijo un anciano. Yo respondí ¿por qué? Porque siempre haces un alto para modelar en los espejos, qué buscas ahí. ¿No te conoces o piensas que la vida es jocosa?
Y entonces piensas que los espejos aparte de traerte mala suerte muy a menudo mienten, provocan que la gente se vea de acuerdo a los ojos que lo miran. Él no dice nada. Soy yo el portador de las muecas hurañas. Y como el reflejo, aunque no seas Narciso hace al hombre tambalearse: yo me tambaleo, tú te tambaleas y todos nos tambaleamos.
Pero somos aquello que los espejos quieren o tenemos una vida aparte, por fuera de las apariencias, digo. Por los alrededores, por aquello que los vidrios con fondo de nitrato no alcanzan a captar ni captaran nunca. Porque a nadie le despierta la vanidad de verse reflejado en un vidrio mentiroso, eso solo nos ocurre a pocos humanos, porque hay gente que prefiere no tener espejos por aquello de que si se rompe te cae la maldición.
También algunos, los más creo, que mandan a hacer sus espejos a modo, de manera que no se les vean las manchitas de la piel que nos salen quieras o no, cada siete años. Hay quien se mira al espejo como si el vidrio fuera el mejor exfoliante.
En fin si la matemática no puede con el espejo y esta sólo contribuye al objeto del deseo está por demás implorar favores a la ciencia. ¿O no?

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