¡Qué al cabo las consecuencias las pagaremos todos!
Lo trascendental el día de hoy viene acompañado del
coronavirus, si algo nos ha enseñado esta pandemia es que no debemos de
compartir nada, jamás dos personas debe de tomar de la misma botella, jamás
podrás saludara alguien que viaja mucho y no debes ni compartir el automóvil
con nadie, si lo haces el que alquila el carro debe usar, como mínimo guantes.
O cabestreas o te horcas. Así
como hay maderas que no agarran el barniz, hay mucho pendejo que no sabe pintar
su rayita. Que les vale madre todo.
Estamos en los tiempos en que no hay que hablar mucho,
en que no hay que alardear, menos de presumir como pendejos. Calladito te ves
más bonito. Antes de dar un consejo gratis, ten cuidado. No anuncies dónde vas
a estar, no vaya a ser que alguien pase el chisme.
Lo prudente, lo que verdaderamente es lo prudente
nadie lo sabe, es un término que necesita de modificación, de redefinición. Lo
que si está bien marcado es lo imprudente, lo que te despedaza y no te da la más
mínima revancha. Eso lo sabe la mayoría, los que todavía se apoyan en sus
luces, pero el problema son los que se les apagó el semáforo o como decimos
nosotros se les calentó la pasojera y se lanzan a ciegas a pesar de las
advertencias. ¡Qué al cabo las consecuencias las pagaremos todos!
He aquí la selección natural, he aquí la lucha de
clases y todas esas diferencias que provoca acaparar la riqueza. La horda de
salvajes que hacen distinciones entre hombres y mujeres, hoy sí, la mujer lleva
ventaja por estar permanentemente en contacto con el agua y el jabón.
Las circunstancias que cambiaron al mundo tienen su
génesis y su apocalipsis en el coronavirus quien iba a creer que la ciencia
sería rebasada y aplastada. Y los científicos bien gracias. Y los presupuestos
destinados a ciencia mermados y los de la salud publica raquíticos. Y así, como decía mi
abuela, no se puede.
Qué es lo que hay detrás del quédate
encasa.
Miles de intereses y cientos de millones de pesos,
una, que los bancos con enormes fortunas ociosas y que no producen deben ser
canalizadas en créditos seguros que proporcionen intereses para que sus dueños
se sigan hinchando de dinero. En el pecado llevarán la penitencia o el dinero
les servirá para comprar indulgencias: nadie lo sabe.
Lo seguro es que los pobres seguirán siendo pobres y
los ricos tendrán más queso, lo que no sabemos es si las ratas son inmunes o
asintomáticos.
Veremos si el dinero y los poderosos son capaces de
hacer que el ecosistema aborte, porque en estado de preñación nadie está seguro
y si dejamos que la creatura nazca, ¡qué Dios nos agarre confesado!
El parto sería dolorosísimo y quitaría del trono a
muchos políticos nefandos, mediocres que lucran con todo, vidas y haciendas.
Ahí sí el pensamiento mío, tuyo y de los demás no sirve pa’nada.