sábado, 27 de junio de 2020


¡Qué al cabo las consecuencias las pagaremos todos!
Lo trascendental el día de hoy viene acompañado del coronavirus, si algo nos ha enseñado esta pandemia es que no debemos de compartir nada, jamás dos personas debe de tomar de la misma botella, jamás podrás saludara alguien que viaja mucho y no debes ni compartir el automóvil con nadie, si lo haces el que alquila el carro debe usar, como mínimo guantes.
O cabestreas o te horcas. Así como hay maderas que no agarran el barniz, hay mucho pendejo que no sabe pintar su rayita. Que les vale madre todo.
Estamos en los tiempos en que no hay que hablar mucho, en que no hay que alardear, menos de presumir como pendejos. Calladito te ves más bonito. Antes de dar un consejo gratis, ten cuidado. No anuncies dónde vas a estar, no vaya a ser que alguien pase el chisme.
Lo prudente, lo que verdaderamente es lo prudente nadie lo sabe, es un término que necesita de modificación, de redefinición. Lo que si está bien marcado es lo imprudente, lo que te despedaza y no te da la más mínima revancha. Eso lo sabe la mayoría, los que todavía se apoyan en sus luces, pero el problema son los que se les apagó el semáforo o como decimos nosotros se les calentó la pasojera y se lanzan a ciegas a pesar de las advertencias. ¡Qué al cabo las consecuencias las pagaremos todos!
He aquí la selección natural, he aquí la lucha de clases y todas esas diferencias que provoca acaparar la riqueza. La horda de salvajes que hacen distinciones entre hombres y mujeres, hoy sí, la mujer lleva ventaja por estar permanentemente en contacto con el agua y el jabón.
Las circunstancias que cambiaron al mundo tienen su génesis y su apocalipsis en el coronavirus quien iba a creer que la ciencia sería rebasada y aplastada. Y los científicos bien gracias. Y los presupuestos destinados a ciencia mermados y los de la salud  publica raquíticos. Y así, como decía mi abuela, no se puede.
Qué es lo que hay detrás del quédate encasa.
Miles de intereses y cientos de millones de pesos, una, que los bancos con enormes fortunas ociosas y que no producen deben ser canalizadas en créditos seguros que proporcionen intereses para que sus dueños se sigan hinchando de dinero. En el pecado llevarán la penitencia o el dinero les servirá para comprar indulgencias: nadie lo sabe.
Lo seguro es que los pobres seguirán siendo pobres y los ricos tendrán más queso, lo que no sabemos es si las ratas son inmunes o asintomáticos.
Veremos si el dinero y los poderosos son capaces de hacer que el ecosistema aborte, porque en estado de preñación nadie está seguro y si dejamos que la creatura nazca, ¡qué Dios nos agarre confesado!
El parto sería dolorosísimo y quitaría del trono a muchos políticos nefandos, mediocres que lucran con todo, vidas y haciendas. Ahí sí el pensamiento mío, tuyo y de los demás no sirve pa’nada.



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