Fue el año de las modificaciones
de los cambios radicales
del debilitamiento de las confianzas
de los asuntos pendientes.
Covid-19
Séptima parte
Así las cosas, un monstro nos asecha en cada rincón del planeta, una nueva ola llega a nuestro círculo de conocidos y amigos. Y comienza aquello de que te estás quedando solo, que el alma vital de tus amistades cada vez pierde vigor . Eso hace que sientas que ya no puedes más. Ya dos meses de vacunado, y aún en total indefección, la vacuna no te asegura que no te contagies, sólo ayuda para que no se manifiete el contagio tan fuerte.
Y te llegan dudas de si alguna vez hubo un paraíso terrenal. Parece que nuetra protección quedó abandonada en un congestionamiento sin remedio. Los círculos
del cielo y del infierno son transferencias a cuenta de la cifra diaria de
muertes, hoy día de San Ignacio de Loyola nuevamente estamos implorando
misericordia.
Mi memoria
se deteriora más pronunciadamente gracias al encierro, soy de esos a los que la
casa les pica, prefiero andar en la calle, en el café con mis amigos o ir a
buscar ejemplares raros a las librerías de viejo o entrar al mercado al menudo, o, a
Santa Tere a comer sin tener que lavar un plato o preocuparme por la falta de
ingredientes en la cocina. Y es exactamente este sitio en donde no me asumo y
no me concentro, al grado de que ya varias veces se me olvida que ya le había
puesto sal a un guiso y le vuelvo a poner. Y padezco ese síndrome de no
recordar en dónde dejo las llaves a pesar de usar un llavero y un portallaves,
de cien veces que se me pierden sólo una vez recuerdo en donde las dejé.
Y como la misericordia
nos abandonó a nuestra suerte, la templanza se aleja cada vez más de nuestra
vida cívica, si es que algo nos queda de ella. Y es que en una entrega anterior
hablaba yo de que la espiritualidad no aparece, y no la encontramos porque
jamás, durante la pandemia hemos puesto en práctica las virtudes cívicas, esas
de las que hablaba Platón. Porque nuestro equilibrio armónico vive bajo amenaza
y en la incertidumbre. Todos los días a todas horas debemos observar la sana
distancia y ponernos el cubrebocas. Y saben qué. No lo hacemos. Y vemos los
sufrimientos de los enfermos y su deterioro y solo los apilamos como parte de
la cifra diaria de muertos.
Otro sí, creo
que Dante Alighieri jamás imagino ver el infierno en la tierra, y nosotros
estamos a punto. Todo porque no hemos querido aprender, llegó la primera ola y a duras
penas logramos sobrevivir. Jamás pudimos decir que nosotros teníamos los
zapatos y las manos limpias. La careta, el cubrebocas, las toallitas
desinfectantes, el tapete para sanitizar, el gel y demás enjuagues sólo fueron
parte de la lista del supermercado. Su uso errático, anárquico y convenenciero.
Nos convirtió en prospectos a modo de ser contagiados. Aunado a los oídos
sordos y las “ganas por salir” de casa. La sordera. Cada quien escucha lo que
le conviene. Mi interés y el provecho del gobierno son distintos. Los que
manejan la publicidad de la pandemia últimamente han mandado mensajes
equivocados, el primero referente a la inmunidad de rebaño. Como vamos a lograr
eso si no producimos vacunas. Si los países que producen vacunas no lo han
logrado. Se sabe que Biden ofrece 100 dólares al que se quiera vacunar y ni así
ha logrado parar muertes y contagios. Y acá, nunca se alertó lo suficiente a
los vacunados y abrió espacios que debería cerrar. Y su estrategia de
vacunación fue fallida, es decir, los vacunadores deberían de presentarse
diariamente en los lugares de contagio y ofrecer sus escasas dosis a la gente que por alguna razón no puede quedarse en casa y sale diario a exponerse.
Pero no
hay quien tenga ideas geniales, no hay quien ponga la muestra, los que han
hablado y presumido de haber controlado la endemia han tenido que tragarse sus
palabras. Solo Dios sabe. Solo la misericordia nos alienta cada día a ir para
adelante. Para buscar luces en esta obscuridad tan cegadora, tan cruel y tan
larga. La legalidad: virtud a la cual los poderes
públicos están sujetos es letra muerta o está contagiada, hospitalizada
y con respiración artificial, por ello la gente se ha vuelto irrespetuosa de
las normas de convivencia impuestas por las autoridades. O sea, legal o ilegal
cada quien se salva como pueda, y el maremágnum que primero aclare que sí y que
no, y que cada quien invierta su parte y si cosecha intereses bueno y si no, también.
