GLORIETAS
Llegas a la glorieta, vas manejando, o crees
que vas manejando. Y entonces te das cuenta que hay gente en la calle que
quiere manejarte, decirte que hacer y que no hacer. Cuando esperas en el
semáforo y tarda en cambiar a verde, sin que te des cuenta llega un presuroso
vendedor y te deja una cajita junto al limpiabrisas, ves como va dejando
cajitas a todos y dices, al menos no me hizo menos.
Tu stress aumenta, es una glorieta y tarda más
de dos minutos en cambiar el rojo por el verde. Ài estas, que si, que no, que
caiga el chaparrón.
Llega un franelero a querer limpiarte el vidrio
grande, le dices que no, pero avienta un chorro, que luego seca con desgano,
carros van carros vienen, pero tú sigues firmes en alto, pensando en que hay
mucho calor y lo mejor es que llegues a un oxxo para comprar cerveza en oferta.
Acuden más vendedores, como si fueras un imán
ves pasar a vendedores de franelas, chicles, botanas y vive 100, agua de coco,
duros, semillas y obleas como para que te aficiones a las drogas.
No sabes que pasa, es México o es tu
circunstancia, todos los vendedores parecen individuos a los que los expulsaron
de la escuela, y si no les va bien, optaran por convertirse en tragafuegos, o
la vida los impulsara a otros campos. Una niña indígena sube a sus hombros a su
hermana que lanza dos naranjas y las comienza a malabarear.
Nunca sabes si esto es el principio o el fin,
lo que captas es la vida en 120 segundos, y en lo que cambia el semáforo, eso
puede alterarse, ya sea la cotización del dólar, el gobierno neoliberal o el
gusto de la gente, y entonces demandará que le vendan tortas ahogadas en tanto
se cambie el semáforo.
Ponen el siga, todo el verde es vida y la vida
sigue...
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