lunes, 22 de septiembre de 2014

Cuartel general en Yautepec, agosto 21 de 1914.
Sr. Dr. Atl
México, D.
F.
Muy estimado señor:
Recibí la carta de usted de fecha 18 del presente y le manifiesto que con gusto recibiré al señor general Lucio Blanco para tratar asuntos relacionados con la causa del pueblo, y cuando lo desee puede pasar al cuartel general de la revolución en Yautepec, en donde tendré el gusto de estrechar su mano y hablar con toda franqueza con él, pues siempre lo he considerado hombre patriota y honrado desde que se levantó en armas.
Ha sido muy satisfactorio para mí que los señores generales Blanco, González y otros jefes estén dispuestos a ayudar con su contingente a la realización de la gran obra popular que se está emprendiendo, por lo que puede darles mis más sinceras felicitaciones, pues vuelvo a repetir a usted que si no se realiza el programa del Plan de Ayala, la guerra tiene que seguir hasta su fin.
Agradezco a usted que se haya molestado al proporcionar a las tropas del C. general Pacheco los víveres de que me habla.
Deseo que usted se conserve bien y soy su afmo. atto. y s.s.

Emiliano Zapata

viernes, 5 de septiembre de 2014


        







La posada del Madoka

No sé a qué se deba el hecho de que todo mundo hablara de la posada del Madoka. Como ya dije no había invitados, ni convocatoria, ni se rechazaba a nadie. Tampoco era una fiesta, si acaso era lo más parecido a una borrachera. Fue celebre porque con el tiempo llegaron a concurrir hasta veintidós personas, incluidos vendedores y gentes que nada tenían que ver con la cultura.
De eso puedo hablar con calidad porque me tocó convivir en las primeras diez dizque posadas.
El evento permaneció vigente y alcanzó su regularidad toda la década de los ochentas y parte de los noventas.
Lo interesante es que el ambiente del Madoka, con sus distintas secciones, con sus clientes muy mayores de edad, (El café de los viejitos, como se le conoce también) y nosotros ocupando esa atmósfera esos espacios, con el atrevimiento y con el derecho de ser asiduos, sin embargo, al día siguientes nos preguntábamos todos ¿A qué horas te fuiste? ¿Y no te dijeron nada? En referencia a los encargados del establecimiento.


El suceso se originó porque, el día de nochebuena, iban llegando los parroquianos y comenzábamos a tomar cerveza, en las dos primeras ocurrió lo mismo, a la mesa estaban José Veloz, Arturo Suárez, Pablo Flores, García Limón, Arturo Santana y el que esto escribe, la mayoría no tenía donde pasar nochebuena, ni compromiso, ni invitación a cenar. Era pues un corro relajado. Enseguida llegaba Eugenio Ruiz con una bolsa de nueces. Ese día, solo ese día podíamos meter botana sin que nos cobraran “descorche”. Luego se comenzaban a acercarse conocidos a dar el abrazo acostumbrado por navidad y año nuevo, entonces sucedía que muchos se quedaban en nuestra mesa.
El antecedente, es que nosotros sabíamos que los asiduos al café Treve, se quedaban en el establecimiento, pues después de las nueve de la noche, del día 24, (Ramón Valdivia, el dueño) sacaba las botellas y a los clientes les regalaba el vino. Entonces nosotros como que por envidia, por imitar o por no quedarnos atrás, discurrimos en tomar el café por la noche, claro sufragando el costo nosotros.
Después se corrió la voz, y muchos extrañados de que nos permitieran realizar ese evento en el café, después, con los comentarios y la sucesivas ediciones del evento, se acostumbró citarnos ahí, con amigos y conocidos para desearnos felices fiestas.
La mayoría de los eventos eran agradables y muchos llegaban, tomaban una cerveza y se iban, pero otros nos quedábamos hasta que nos corrían, después de las once de la noche.
Lo cierto es que después, todo mundo preguntaba quién fue a la reunión, y muchos que no asistieron hablaban de la tertulia como si hubieran estado. Y eso los comentarios hicieron que se hablara de la “posada del Madoka” en revistas y periódicos, y que fuera motivo de conversación.


A los que venían de fuera de la ciudad, sobre todos a los de la capital, les parecía inaudito, que concurrieran a esa reunión los del taller literario, los de la normal superior, los de filosofía y letras y los asiduos a otros cafés pero interesados en la literatura y de las publicaciones marginales. Porque la mayoría de los asistentes íbamos a dicho sarao, no porque nos interesara la jugada de dominó, backgammon, ajedrez, juegos de naipes o las atmosferas diversas del establecimiento, y si dábamos paso a que todos portábamos la insignia de haber colaborado en revistas marginales o por lo menos haber editado una plaquette





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viernes, 4 de julio de 2014

                          EN LA AUTOPISTA DEL PARAÍSO TERRENAL

Eran tantas las delicias
Que muchas veces junto a ti
Imaginé que estábamos
En la primera fila
del paraíso terrenal.

Pero luego vino todo aquello.
Adán se comió las plumas
De la culebra.
Tu bailaste con otro
Con el traje
Que te regaló.

Me utilizaste para todo
Incluso para llevar a reparar
Tu prótesis, pero nunca jamás
Me enseñaste.

Como acelerar tu coche.

                              04 julio de 2014
Cafe Mañanero

Mamá le llevó un plato con huevos rancheros, chilaquiles y frijoles. Le sirvió café en silencio.Yo los observaba.Ninguno de los dos se atrevía a mirar al otro.Empezamos a comer.Los bocados se quedaban en mi garganta. Mamá empezó a parpadear.
Amelia García de León

sábado, 28 de junio de 2014

Comienzo un libro
porque estoy cansado
harto del silenció
y del tiempo nublado a mis espaldas.

Obcecado por tu prolongada ausencia
y esas nubes que disimulan
mi total ceguera.

Ya lo dije, que tu tormenta
me ha dejado sin la cómplice lluvia
aquella que me empapaba de tu aroma
la cual nunca me dejó
poner a secar mis culpas.

Este enfado terrenal
que se escapó de tu jardín
y que malgobierna mis impulsos
y amenaza mis recuerdos.

No queda más que reordenar
los versos
que encadenan estos reproches.

Que prescindir del lastrado
tiempo de perdida de cosechas
que impiden mi alimento
y desgarran mi corazòn
en estos hilachos de plasma
que jamás volverá
a hervir en tus climaterios.

Guadalajara 28 de junio de 2014

sábado, 7 de junio de 2014

Soliloquio

Al Madoka entraban a vender o a realizar su trabajo muchos personajes extraños. El más singular, sin duda era "soliloquío", un señor de mediana estatura, ya pasaba de los cincuenta de edad, de cuerpo más bien enteco, de ojos verdes, se peinaba todo el escaso pelo hacia atrás. Diario vestía traje, sin corbata y llevaba consigo un maletín tipo valija, de los que antes llevaban los médicos. Llegaba al café a hora indistinta, tomaba su café despacio, casi siempre con las piernas cruzadas. A cada sorbo aumentaba su ansia y comenzaba a hablar, sus discursos eran interminables, dos tres horas y hasta más, utilizaba muchos las manos para dar énfasis a lo que decía, por lo demás eran palabras coherentes, tal vez, y debido a su desliz pocas veces alguien lo acompañaba en su mesa.
Luego extraía del maletín herramientas, pinzas de electricista, pinzas de punta, desarmadores, pinzas convencionales y demás instrumental, lo característico es que la mercancía era de procedencia alemana.
Nunca vi que vendiera nada, pero eso sí a todos los clientes del café les ofrecía sus utensilios de acero.Volvía a sentarse y regresaba a su interrumpido discursos, hasta alguién, alguno de sus conocidos se ofrecía y pagaba su café.