EL MOMO
Cuauhtémoc
era un comprador de usado, tenía su negocio en # 78A de la calle Pavo, entraba
y salía al café como por su casa. Su bazar era muy elemental, no mostraba mucha
mercancía por lo que frecuentemente parecía una oficina vacía. Una mesa que servía
de escritorio, dos tres libros y alguna mercancía colgada en la pared, en
ocasiones mostraba a la entrada una pieza usada, silla antigua de bejuco. Su
ocupación consistía en comprar cosas viejas que ya de antemano tenía vendidas o
encargadas por algún coleccionista, por lo que diario traía suficiente dinero.
El
momo como se le conocía era de aspecto tranquilo, de estatura casi regular,
tirando a bajito, usaba unos lentes de fondo de botella y aparentaba estar en
la madurez, aunque era una de esas personas tragona de años, como se peinaba
para atrás, a veces parecía que traía los pelos parados. Si algo lo distinguía
es que diario andaba bien fajado. Al café iba a jugar y para ello ya llevaba
los números acomodados y con truco, hasta que lo descubrieron.
Entonces
ya no fue tanto al café, y sucedió que un día transitando por la ciudad lo
robaron y le quitaron hasta el último cinco, por tanto su establecimiento
desapareció, su negocio era su capital. Y al querer refaccionarse cometió
fraude, y aun así ya no pudo sostenerse, de tal modo que se fue a vivir para el
norte de la república.
EL
GÜERO CARRIÓN
Llegó
a fines de los ochentas al café, por el tiempo en que en los cafés de
Guadalajara se jugaban los torneos de ajedrez, hoy día, la mayor parte del día
juega ajedrez o dominó, ya tiene sus clientes. En el Treve encontró privilegios
que pocos parroquianos saben y que solo los jugadores conocen. Cuando se queda
después de las 22 horas, hora en que cierran: “Te cobran el tiempo al doble”.
Como llevó amistad con Ramón el dueño, éste le daba la llave del
establecimiento para saliera al terminar de jugar; con la condición de que
anotara lo que consumiera y dejara escrita la hora en que salía. La víspera de
la Navidad, Ramón, a sus amigos-clientes les obsequiaba una botella de brandy,
a eso de medio día bajaba la cortina y a degustar.
Rigoberto
Jaime es nayarita, pariente lejano del legendario Fortino Jaime, estudio en la
normal de ciudad Guzmán y en la Normal Superior de Nayarit, hoy es maestro
jubilado. Durante casi un mes estuvo recibiendo el almuerzo gratis en el café,
hasta que extrañado y queriendo poner fin a tanto obsequio, enfrentó la
situación, pues sospechaba que las atenciones se debieran a que tendría que
pagar con favores sexuales, pero al preguntar a que se debía eso, por respuesta
le dijeron: “es que tú eres el Güero Carrión”.
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