Adelanto de Tinta # 52
Creí que era
por toda la vida
y acepté sin
reservas la cadena
y besé un
eslabón en cada pena
y acaricié
un anillo en cada herida;
y así vivió
mi voluntad uncida
a aquella
amada voluntad ajena
y en el
dulce amargor de esa condena
mi frente al
suelo se humilló, vencida.
Aquellos bronces
cuyo peso duro
mi pecho
laceraba y oprimía,
se disolvieron
en el aire puro;
el tiempo al
fin me levantó el castigo;
hoy no lloro,
y mi vida está vacía
porque ya aquel dolor no está conmigo.
Rafael Solana
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