sábado, 5 de marzo de 2016

Adelanto de Tinta # 52

Creí que era por toda la vida
y acepté sin reservas la cadena
y besé un eslabón en cada pena
y acaricié un anillo en cada herida;

y así vivió mi voluntad uncida
a aquella amada voluntad ajena
y en el dulce amargor de esa condena
mi frente al suelo se humilló, vencida.

Aquellos bronces cuyo peso duro
mi pecho laceraba y oprimía,
se disolvieron en el aire puro;

el tiempo al fin me levantó el castigo;
hoy no lloro, y mi vida está vacía
porque ya aquel dolor no está conmigo.

                                                     Rafael Solana

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