jueves, 10 de marzo de 2016



(Aparten el suyo porque solo habrà 40 ejemplares)
           La portada de mi pròxima publicaciòn


                                HASTA NO VERTE ENTUMIDO

Yo soy un creyente de la verdad y siempre he simpatizado con aquellos que la profesan por sobre todas las cosas. Pero también simpatizo con las mentiras bien contadas, por aquello que varias personas me han acusado de mentiroso. Me duele pero reconozco que algunas aristas de mi pensamiento franco a más de una persona pueden parecerles calumnias.

Entonces a diario lucho y me esfuerzo por separar en el lenguaje aquello que no va, lo que no embona en ninguna parte.
Y tratándose de tu cuerpo ese compromiso con la verdad torna una dimensión que muchas veces asusta. Y no. Nuestro organismo es sabio, o al menos el mío, no puedo responder por los demás, porque si no estuviera levantando falsos.

A muchas personas que se sienten enfermas, de esos malestares que nos aquejan a diario y a todos, por lo menos cinco veces al año tu cuerpo tiene síntomas, los llamados posodromos, de alguna enfermedad ya conocida y en ocasiones ya sufrida.

El caso es que cuando asistes a acompañar algún paciente con el médico, el nutriólogo y el charlatán llamado muchas veces curandero te ves en la necesidad de estar de acuerdo en su diagnóstico o en su consejo a tiempo.
Y entonces, sin que medie pedido o sugerencia, admites lo que dice el galeno y estás de acuerdo completamente con él. Y rematas las palabras del sanador diciendo “eso es muy lógico y acertado”.



No pasan cinco minutos cuando experimentas una sensación desacostumbrada y piensas, si como no voy a estar de acuerdo con  el diagnóstico, si al cabo ni es mi enfermedad, ni es mi cuerpo. Y confías entonces más en la perfección del organismo ajeno. Todo porque se parece al tuyo.

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