miércoles, 30 de agosto de 2017

Chapala, 15 de septiembre de 1907

Querido Pedro: Llegué ayer a Ocotlán y como nuestro tren traía un retraso de una hora, no pudimos alcanzar el vapor. De casualidad había para hoy un viaje extra. Pasamos el día como pudimos, pasamos la noche en desvencijado camastro y esta mañana logramos que el capitán del vapor nos trajera escondidos en el departamento del timonel, para que no advirtieran nuestra presencia las personas que arreglaron la travesía. Llegamos a Chapala a las 2 p.m. Tomamos posesión de la casa del primo Navarro. [Qué casa Pedro de mi vidal Desde que abrimos la puerta nos hallamos con telarañas, las había arriba y abajo, a derecha e izquierda, unas deshiladas y flojas, otras como que parecían de lana. Cada puerta tenía un cortinaje y a la mejor los cuartos quedaban divididos en dos por un tabique sobre el que paseaban, ora subiendo, ora bajando, ora echando a correr lateralmente, las señoras arañas, dueñas absolutas de este pequeño mundo. Había aquí tema para más de un poeta. Por mi parte, yo, como no soy poeta, me sentí muy disgustado considerando la nochecita que se me esperaba. Para colmo de desgracias nos hallamos dos nidos de avispa. Todo el día lo hemos pasado en afirmar nuestro poder de animales superiores combatiendo " los bajos estímulos de la irracionalidad" en avispas, arañas, zancudos, alacranes, elefantes, hipopótamos y demás insectos propios de tierra caliente. Al atardecer finalizamos la enojosa tarea y fuimos a dar un paseo -bien merecido lo teníamos hasta la punta del muelle. Estaba anocheciendo, el viento húmedo que jugaba con mi hermosísimo penacho rubio, me hizo olvidar la Entomología. Con agua a ambos lados y al frente y con montañas por todas partes, me complacía en ver como se acercaban las nubes negras. Relampagueaba todo el horizonte y el agua, con rítmico golpe, empezó a brincar en los bordes del muelle y a salpicarme los pies. Como había nublado no pude apreciar esa orgía de colores y de luz característica de estos atardeceres. (Acaba de caérseme la chingada vela, que no merece otro calificativo, y me hizo pegar un brinco que no sé cómo no tumbé la casa. Las manchas 'del papel atestiguan la verdad del hecho). Poco a poco los níños y las 'mujeres fueron llegando a llenar en el lago sus cántaros de barro yyo,sinposedeerudito, me acordé de aquel pasaje en que Werther ayuda a una campesina a cargar su cántaro rústico. Ha empezado a llover. Los mosquitos zumban en redor de mis orejotas y me pican que es una bendición. Tengo ya dos o tres ronchas en los brazos que son otros tantos volcanes. ¡Hasta las piernas me han picado! y vaya que tengo calzones y pantalones. No había yo de ser tan deshonesto, no había yo de escribirte estando en cueros. ¿Cómo pasaré la noche? Imagínate a un desdichado ser, como yo, en una cueva milenaria como la que habito, confiado a sus propias fuerzas y aguardando, que de un momento a otro aparezca, surgido de cualquier castillo abandonado desde ha tantos siglos (creo que a mediados del año pasado). Como supondrás aún no veo tu cuaderno, sólo he tenido tiempo de leer 3 o 4 capítulos de (palabra ilegible en el manuscrito.) Cumple con darme las sorpresas prometidas; contéstame al "Hotel Arzapalo", Chapala Jal. y espera cartas mías.

                                                                                              Alfonso Reyes

carta a enriquez ureña
Adelanto de Tinta #57


Dr. Enrique Graue Wiechers
Rector
Universidad Nacional Autónoma de México

Presente

Estimado señor rector:

Por el respeto a la Ley del Derecho de Réplica

La Revista de la Universidad de México publicó en su número 144, de febrero de 2016, la réplica que envié al Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, doctor Enrique Graue, atendiendo a la Ley que regula el Derecho de Réplica en estos casos. La Revista, empero, haciendo caso omiso de lo que esa ley señala, publicó nuevamente un texto (llamado, de manera extravagante, “Contrarréplica”) del señor Felipe Garrido que, además, agrega nuevas y fantásticas afirmaciones que evidencian su equívoca idea sobre todo lo que concierne a la obra de Juan Rulfo. Insiste en que revisó exhaustivamente los textos de El Llano en llamas y Pedro Páramo al lado de su autor, por ejemplo; pero si uno compara los que se reimprimían antes de esa “revisión” no hay cambio significativo alguno que la haga perceptible, aparte de lo que Rulfo exigió: eliminar los cambios ajenos a su mano. Ya el abogado Ricardo Larrea ha advertido una intención que podría haber dado origen a esta historia, y él dará seguimiento a la misma.
Como la carta que envió Garrido a Ignacio Solares que he mencionado en mi réplica afirma algo sobre una edición conmemorativa del millón de ejemplares, y en su nuevo texto retoma el tema bajo otro ángulo, me permito citarlo: “Un agudo descubrimiento de Jiménez es que el colofón de la edición conmemorativa, en Tezontle, asienta que se imprimieron tres mil ejemplares. Yo no digo en mi ensayo que se haya tirado un millón de ejemplares de esa edición, sino que esa pequeña colección de libros conmemorativos se hizo para celebrar que esos títulos —Los de abajoEl Llano en llamasPedro PáramoEl laberinto de la soledad más Posdata Vuelta al laberinto en un volumen, dos o tres más— habían llegado a vender un millón de ejemplares en la Colección Popular”.
Vayamos, sin embargo, a los números, porque parecen ser un problema de Garrido (y no sólo los relativos a los meses, días y horas que, junto a Rulfo, habría dedicado a revisar el texto de sus libros, de lo que no hay trazas). Recurro de nuevo a la investigación del doctor Jorge Zepeda recogida en su libro La recepción inicial de Pedro Páramo (1955-1963), que ya cité en mi réplica. Transcribo los datos de todas las ediciones hechas por el Fondo de Cultura Económica de 1955 a 1980. Destaco en cursivas las de la Colección Popular, cuya suma alcanzaría, según Garrido, el millón de ejemplares. Mi transcripción de la investigación del doctor Zepeda incluye, en este orden, la fecha consignada en el colofón, la colección a la que pertenece la edición y el número de ejemplares impresos:
19 de marzo de 1955: Letras Mexicanas, 2,000 ejemplares. 28 de abril de 1959: Letras Mexicanas, 3,000. 16 de junio de 1961: Letras Mexicanas, 3,000 ejemplares. 2 de octubre de 1963: Letras Mexicanas, 3,000 ejemplares. 17 de julio de 1964: Letras Mexicanas, 4,000 ejemplares. 17 de agosto de 1964: Colección Popular, 10,000 ejemplares. 20 de diciembre de 1965: Colección Popular, 15,000 ejemplares. 14 de enero de 1967: Colección Popular, 15,000 ejemplares. 29 de febrero de 1968: Colección Popular, 15,000 ejemplares. 28 de mayo de 1971: Colección Popular, 50,000 ejemplares. 3 de mayo de 1971: Colección Popular, 60,000 ejemplares. 3 de enero de 1972: Letras Mexicanas, 6,000 ejemplares. 16 de julio de 1973: Colección Popular, 100,000 ejemplares. 20 de septiembre de 1975: Colección Popular, 100,000 ejemplares. 30 de noviembre de 1977: Colección Popular, 100,000 ejemplares. 15 de enero de 1980: Colección Popular, 20,000 ejemplares. 31 de julio de 1980: Colección Popular, 20,000 ejemplares. 5 de septiembre de 1980: Tezontle, 3,000 ejemplares.
Si hacemos las sumas por cada colección los resultados plantean otra discrepancia con la nueva afirmación de Garrido: los tirajes de la Colección Popular, de 1964 a 1980, alcanzaron los 485,000 ejemplares. Como dato adicional, los ejemplares de Letras Mexicanas, de 1955 a 1980, llegaron a los 21,000 ejemplares. En su libro, el doctor Zepeda precisa que sus cifras resultaron de revisar los colofones de las ediciones consignadas, que localizó en diversas bibliotecas, pero que igualmente los ratificó con los datos existentes en “los expedientes de producción de la Gerencia de Literatura del Fondo de Cultura Económica”. Los detalles que proporciona el doctor Zepeda podrían instruir a Felipe Garrido sobre cómo sustentar una afirmación cuando del estudio de la obra de Juan Rulfo se trata y, en este caso, sobre los distintos ángulos de su recepción.
El licenciado Ricardo Larrea abordará en un texto propio otras vertientes que plantea el problema creado por el señor Garrido y los responsables de la Revista de la Universidad de México al no respetar las condiciones que exige el derecho de réplica, en su afán de crear una fantástica historia sobre una edición de la obra de Juan Rulfo hecha en 1980 y la idea de Garrido de validar las nuevas “divisiones” suyas de fragmentos de Pedro Páramo sin apoyo documental alguno, pero intentando sugerir de manera oblicua que se sustentan en el pretendido trabajo de revisión que habría hecho al lado de Rulfo durante quién sabe cuántos meses e interminables horas repartidas en ciertos lugares, aquellos donde Rulfo no hacía nada relativo a su obra. Por último, el licenciado Larrea igualmente se ocupará, como experto en la materia que es, de aclarar que ni Garrido ni la Revista de la Universidad de Méxicopueden publicar la cantidad que sea de una obra protegida por las leyes nacionales e internacionales que defienden los derechos de autor frente a las ocurrencias de algún improvisado.

Atentamente,

Víctor Jiménez

Director de la Fundación Juan Rulfo

martes, 29 de agosto de 2017

Los sesgos de  el catecismo de Puga y Acal fueron odiados por los CONTEMPORÁNEOS, y el estudioso tapatío acaparó miradas y recuerdos de todos ellos;"Pero ¿cómo iba yo a saber que crecería tanto/  o que Brummel duraría tanto?".
El primer odio

Yo sabía recitar Fusiles y muñecas
y la Serenata de Schubert y A Byron,
pero en la librería de mi casa
estaba un libro de don Manuel Puga y Acal,
Poetas contemporáneos —188...—
en que se destrozaba a mis ídolos
y yo odié terriblemente a don Manuel Puga y Acal.

Después no he sabido más de Peza,
ni del Duque Job, ni del otro
y hasta hubiera olvidado a su agudo crítico
de Guadalajara.

Lo he tratado; es gordo,
ya no usa bigote ni escalpelo de la crítica
ni seudónimo, y es Secretario de la Universidad;
hasta me ha saludado alguna vez.

Pero ¿cómo iba yo a saber que crecería tanto
o que Brummel duraría tanto?
                                                           S.Novo

Lo que nunca llegaron a afirmar los coetáneos. hay quien hoy lo asegure por más que no exhiba ninguna prueba. ya no documentaría. pero ni siquiera proporcionada por la lógica. Poinsett--se supone---- fué autor del "asesinato de Iturbide": "Si se reflexiona-decía don Manuel Puga y Acal-en que, desde su regreso a los Estados Unidos. Poinsett debe haber sido el consultor de su gobierno en todos los asuntos mexicanos; en que el previsto regreso de Iturbide podía hacer fracasar los planes de ese gobierno. y en que don Bernardo Gutiérrez de Lara, quien, como diputado al Congreso de T amaulipas. votó la muerte de Iturbide y, como gobernador del mismo Estado. ordenó su reclusión. era el mismo que en 1812 había capitaneado una expedición de aventureros yanquis para apoderarse de Texas. se tendrá algún fundamento para admitir como probable que Gutié- rrez de Lara, cuyas relaciones con el Gobierno de los Estados Unidos seguían siendo cordiales, no sólo acató la ley mexicana que condenaba a Iturbide si volvía a pisar territorio de su 'patria. sino que satisfizo, además, los deseos que sus amigos de Washington le habían previamente manifestado." Parece imposible que un historiador de la seriedad de Puga y Acal haya sido capaz de urdir tantas falsedades en tan breves líneas. Una acusación de esa índole nadie se atrevería a consignarla sin exhibir la prueba documentaria.


domingo, 20 de agosto de 2017

                                                                     MARINAS

Sobre las aguasEn procesiónLa ola ensayaNo morderse la cola.


Cada nueva ola Reaviva mi creencia En la vida eterna

Libre de pecado
la ola perniciosa
jamás entenderá
que con mojar la arena
únicamente aspira
a ser por siempre.

POÉTICA I

El poeta
es un jardín
que en exclusiva
solo cultiva
la inteligencia
de la rosa.