Chapala, 15 de septiembre de 1907
Querido Pedro:
Llegué ayer a Ocotlán y como nuestro tren traía
un retraso de una hora, no pudimos alcanzar el vapor.
De casualidad había para hoy un viaje extra.
Pasamos el día como pudimos, pasamos la noche
en desvencijado camastro y esta mañana logramos
que el capitán del vapor nos trajera escondidos en
el departamento del timonel, para que no advirtieran
nuestra presencia las personas que arreglaron
la travesía. Llegamos a Chapala a las 2 p.m. Tomamos
posesión de la casa del primo Navarro.
[Qué casa Pedro de mi vidal Desde que abrimos la
puerta nos hallamos con telarañas, las había arriba
y abajo, a derecha e izquierda, unas deshiladas y
flojas, otras como que parecían de lana. Cada
puerta tenía un cortinaje y a la mejor los cuartos
quedaban divididos en dos por un tabique sobre el
que paseaban, ora subiendo, ora bajando, ora
echando a correr lateralmente, las señoras arañas,
dueñas absolutas de este pequeño mundo. Había
aquí tema para más de un poeta. Por mi parte, yo,
como no soy poeta, me sentí muy disgustado considerando
la nochecita que se me esperaba. Para colmo
de desgracias nos hallamos dos nidos de avispa.
Todo el día lo hemos pasado en afirmar nuestro
poder de animales superiores combatiendo " los
bajos estímulos de la irracionalidad" en avispas,
arañas, zancudos, alacranes, elefantes, hipopótamos
y demás insectos propios de tierra caliente.
Al atardecer finalizamos la enojosa tarea y fuimos
a dar un paseo -bien merecido lo teníamos hasta
la punta del muelle. Estaba anocheciendo, el
viento húmedo que jugaba con mi hermosísimo penacho
rubio, me hizo olvidar la Entomología. Con agua a ambos lados y al frente y con montañas por
todas partes, me complacía en ver como se acercaban
las nubes negras. Relampagueaba todo el horizonte
y el agua, con rítmico golpe, empezó a brincar
en los bordes del muelle y a salpicarme los pies.
Como había nublado no pude apreciar esa orgía de
colores y de luz característica de estos atardeceres.
(Acaba de caérseme la chingada vela, que no merece
otro calificativo, y me hizo pegar un brinco que
no sé cómo no tumbé la casa. Las manchas 'del papel
atestiguan la verdad del hecho). Poco a poco
los níños y las 'mujeres fueron llegando a llenar en
el lago sus cántaros de barro yyo,sinposedeerudito,
me acordé de aquel pasaje en que Werther ayuda a
una campesina a cargar su cántaro rústico. Ha empezado
a llover. Los mosquitos zumban en redor
de mis orejotas y me pican que es una bendición.
Tengo ya dos o tres ronchas en los brazos que son
otros tantos volcanes. ¡Hasta las piernas me han
picado! y vaya que tengo calzones y pantalones.
No había yo de ser tan deshonesto, no había yo de
escribirte estando en cueros.
¿Cómo pasaré la noche? Imagínate a un desdichado
ser, como yo, en una cueva milenaria como
la que habito, confiado a sus propias fuerzas y
aguardando, que de un momento a otro aparezca,
surgido de cualquier castillo abandonado desde ha
tantos siglos (creo que a mediados del año pasado).
Como supondrás aún no veo tu cuaderno, sólo
he tenido tiempo de leer 3 o 4 capítulos de (palabra
ilegible en el manuscrito.)
Cumple con darme las sorpresas prometidas;
contéstame al "Hotel Arzapalo", Chapala Jal. y
espera cartas mías.
Alfonso Reyes
carta a enriquez ureña
No hay comentarios:
Publicar un comentario