sábado, 17 de noviembre de 2012

Cardiopatia del gato

Era un gato cursi


y además, lírico.



Aunque jamás leyó

un libro.

Tampoco llegó a manchar

con la pluma

la página en blanco.



Por las noches solfeaba

apoyando la partitura

en un atril que simulaba

un sarcófago.



Vocalizaba toda la velada

hasta que un día

hizo estallar el callejón

con la potencia de su voz.



Pasó sus mejores días

con el corazón desbordado

por la calle sin salida.

Dicen que llegó a ofrendar

su sangre, la cual tiñó

para siempre las hileras

y el tendido.



Sus testaferros

ignorantes de la lírica

se sorprendieron

cuando el cadáver del gato

en un coagulo de arrebato

y sentimientos análogos

ofreció a los deudos

una esquela mortuoria

donde claramente se leía:

ataque lírico y demencia.



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