sábado, 8 de agosto de 2020

 

JOSÉ EL SOÑADOR

 Entonces José respondió: Las tres cestas son tres días, en tres días el Faraón te quitara la cabeza de sobre ti, te colgará en un árbol y las aves comerán tu carne. Génesis 40:21-23


Durante la noche, larga y lánguida, sin lluvia. soné y me desperté con la boca amarga. Hace mucho no me repudiaba tanto  por mi sueño. Es que parecía que estaba en una zona incomoda, poco me faltó que la bruma del sueño me provocara sudor o frío o tan siquiera escalofrío como en otras veces. Y lo que pasa es que casi nunca recuerdo el sueño. Me resulta difícil recordar tanto detalle y seguir la historia que generalmente resulta absurda para mi, por mi ignorancia en la interpretación de los sueños.

Sucede que me encontraba en una sala de computación maniobrando unos cables con alta tensión que yo mismo, en una ocasión anterior, había dejado ahí. Incomodo a más no poder, mi primera preocupación era que nadie me viera, la segunda era que las maniobras no resultaras sospechosas y la tercera que no me causara daño al manipular un cable pelón. Recuerdo que como pude intenté dejar las cosas lo más insospechadamente posible. O sea, hacer trampa, dejar las cosas descompuestas y a ver a quien le toca arreglarlas, como todos los sueños míos este llegaba a un clímax en que como sombra yo desaparecía del escenario y me hacia el omiso, desentendiéndome por completo.

El asunto es que yo casi nunca me acuerdo de los sueños con detalles, mi mente rechaza los hechos que no tienen coherencia, no me gusta o aborrezco la banalidad. Me resulta difícil creer que con una facilidad infantil me embarro en cosas totalmente ilógicas, y fuera de mis asuntos prioritarios,  la sinrazón me mata y nunca he podido entenderla. A veces y con mucha atención en el sueño logro saber de dónde según mi  corto raciocinio, ciertas voliciones  generaron escenas soñadas, o elementos que yo mismo guarde en mi mente, solo que yo las acomodé en el cajoncito de los recuerdos. Por cierto siempre sueño en blanco y negro aún no logro soñar a colores, dicen, que se logra practicando e interesándose por lo que sueñas, será. Tampoco he soñado muertos, mis amigos fallecidos no son negociables ni en sueños, su memoria permanece intacta y espero que el influencer del sueño al menos respete eso, tan caro y tangible para mí. Algo hay en esto, porque ayer que escribí esto mismo el procesador me lo borró todo. No lo lamenté, no dije la palabrota que se dice en esos casos. Solo me mentalice de volverlo a escribir, que al fin y al cabo el sueño seguía intacto en mi mente.

Lo que recuerdo de ese escrito es que en un renglón se leía: yo no soy como José, ni vivo en tiempos en que lo que hacías se escribía en la Biblia. Pero mi deseo es que mis hermanos no se deshagan de mi a cambio de una monedas y me entreguen a traficantes de esclavos, renuncio a obtener todo lo que José recibió como recompensa a la afrenta que le hicieron sus carnales.

Soñar es preciso, o eso solo se usaba durante el Modernismo. Para que sirven los sueños en medio de la pandemia, quien gana algo con eso. Para mi los sueños solo perturban mi cansado cerebro, el cual no guarda espacio para pensar que ocurrirá mañana y que es lo que es bueno para mí y los míos. Lo de más ciertamente me vale madre.

 No quiero saber nada de la ciencia, me tiene hasta la madre que mueran más personas de dengue que de coronavirus. Todo porque el gobierno, hasta hoy, sigue sin dar oportunidad de una vivienda digna y muchos habitantes de Guadalajara sobreviven en colonias insalubres y con alto peligro de contraer dengue.

Tampoco quiero saber de la ciencia con sus modificaciones genéticas, las cuales pueden librarte de enfermedades conocidas, pero que pasa si tu talón de Aquiles no lo contemplaron como posible causa de muerte, como tampoco la ciencia supo predecir el COVI-19.

La pandemia es lo de hoy, está aquí matando a nuestra gente, desacreditando a políticos que en su momento salían a los medios con maestría patito de epidemiólogos, todos fracasaron, cuatro meses más los que se acumulen por muerte de epidemia y sigue y sigue, está aquí y no la atacan. La toleran, siempre y cuando no se saturen los hospitales y no se vea la acumulación de cadáveres sin sepultura como nos muestran las fotos antiguas. Eso somos. Para eso nos alcanza. Y saben que, el presupuesto no alcanza para más.

 

miércoles, 5 de agosto de 2020

UN MAL DIA LO PASA CUALQUIERA


Hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre. Dios proveerá, dejemos el resto para los mediocres y comencemos por no levantarnos con el pie equivocado. Todo iba bien hasta ayer. Mañana comienza el novenario a la Virgen de la Asunción y el Pueblo de Atemajac, iniciará sus fiestas.Creo es la única razón por la que me gusta el mes de agosto, es el mes en que nuestros antepasados le echaban más ganas. Así que la pregunta de sus habitantes es “Qué vas a estrenar para las fiesta”. Es día de andar bien garreado y de mirar en la plaza a todo el pueblo. Claro que es una fiesta muy grande y acuden devotos de otros lugares cercanos.


Si pero hay cosas que no riman. Hay amenaza de un parón y volver a cero. La gente en la calle y las reuniones son pan de todos los días. El Alcalde de Tapalpa declaró toque de queda en su municipio, así o más claro.Entonces la noción de un parón se vuelve catastrófico. No cabe en la mente de nadie, por más falto de cordura o pérdida de sus condiciones mentales sanas. Y es que está pasando eso, que se cuiden los demás a mi déjenme hacer mi vida normal, como antes. Y ese es el punto, nadie quiere acatar los considerandos, todos hacen caso omiso a las nuevas condiciones de convivencia y quieren imponer su criterio.

Uno: En caso de pandemia debes tener una persona a quien hacerle caso y en quien confiar a plenitud.Tú eliges donde depositar tu confianza.

Dos: Nadie va a coartar tu libertad, solo piensa en que si te contagias, a cuántos vas a contagiar, y eso incluye a tus seres queridos, que son los más vulnerables.

Tres: No vives aislado, si eres citadino, nadie te tiene aquí, eres libre de ir a donde más te agrade, pero si te decides por esta ciudad debes respetar sus reglas y acatar las recomendaciones.

Y el problema es que hay gente mal intencionada y quiere que nos hundamos más como sociedad. Que no le interesan las vidas que se pierdan. Que no le importa nada.

Es media semana y el aburrimiento cambia el ritmo de vida. Ya no pasa lo que antes que con el aturdimiento no sabías ni que día era. Poco a poco te percatas que la nueva realidad está imponiendo su fuerza y ritmo y que muchos nuevos criterios llegaron para quedarse. Y entre más pronto te acoples, disfrutarás o tratarás de disfrutar lo que nos queda. No hay más. Y buscale.

Hoy vinieron a instalarnos un servicio de Internet para áreas rurales, se llama Metanet, esperamos mucho de esa utilidad.

Hace rato pasó un aeronave de esas gigantes, la primera que veo en cuatro meses de encierro, un avión de ese tamaño provoca alegría y lo interpreto como una señal de que los vecinos van mejorando en esto de la pandemia, porque seguro es de los aviones que van a Estados Unidos.


No tenemos para dónde, ni para cuando. Solo puedo salir a dar la vuelta al coto y regresar y eso utilizando el cubrebocas. No vemos nada, ni películas en la vídeo.

El internet mejoró.Ahora depende de usarlo racionalmente no vayamos a caer en dependencia, si bien la vida es aburrida, creo es donde todos coincidimos, en el fastidio que nos ocasiona el no poder hacer lo que hacíamos antes. 

Porque anclo en todo eso. Porque nos gusta pecar. Por qué arriesgamos demás.Tenemos miles de preguntas sin resolver. Nos estacionamos en la duda y eso no conduce a nada, no es que dudemos en el sentido que explica San Agustín: “El que duda cree”. Nosotros naufragamos en la duda y eso puede hundirnos, no nomás nosotros sino la humanidad entera. En estos momentos llega de pronto, por la ventana, un aire veraniego, y eso siempre abriga esperanzas.Por eso este apartado lo titulé un mal día lo pasa cualquiera. Son razones y en esa misma proporción debemos de responder. Lo mejor que podemos hacer es estar alertas con o sin incredulidad, con duda y sin ella.Y como el fardo es muy pesado debemos de apoyarnos, de ayudarnos, de solidarizarnos y así se compartirá esta somnolencia, esta inacción, este perverso malestar que socava nuestra mentalidad y nuestro esquema del “ser y el tiempo”. Y si se nubla, esculcas en el cuarto de los tiliches y enarbolas ese sol que le pidieron a tu hija cuando actuó en un festival de la escuela.

El chiste es que tu vida y la de los tuyos esté salvaguardada y todas las medidas que tomes sean para bien, para mejorar, para encaminarnos en la ruta de la tranquilidad, la salud, la sana distancia y llegar a la meta de todas las medidas son necesarias, por que ninguna está por demás. Ya hasta parece desiderata.


martes, 4 de agosto de 2020

OTRO DÍA, MISMO PLANETA, TODO BIEN, EXCEPTO EL PROBLEMÓN


Ya está, a nadie le queda claro cómo aguantamos tanto, cómo y cómo, el cuerpo no puede imponer nada. La voluntad es todo. Pero con la pandemia la voluntad se ha nublado. La luz nos abandonó. Las luces del entendimiento se resisten y navegan sin bandera.

La nave se adelanta y da visos, pero luego todo se vuelve un espejismo, al pepenar en frío, nos damos cuenta que estamos solos, que aquí cada quien a sus uñas. lo trágico es que llevamos más de cuatro meses y todavía nadie puede desembarcar.

Hay muchas personas que durante su vida acumularon tanto lastre que ahora descansan en el fondo del mar.

Las bondades del mar se nos han borrado de la mente, aunque sabemos que la vida comenzó en el mar y ese es nuestro futuro. No queda más que confiar en el mar, en ese “azul que es el verde que se aleja”, como escribió Elías Nandino. Ciertamente el mar es mucho más poético. O su extensión arroja más posibilidades al poeta, y su insondeabilidad nos catapulta a pasajes y argumentos sustanciosos. Un aire marino nos envuelve con el intento perenne de convertirnos en poesía, está vez con drama incluido.


Como marinero en tierra andamos todos, en un puerto extraño, sales a la calle por vituallas y regresas con un desaliento que no te cabe en el cuerpo. La gente en su canoa, todos amontonados, sin protección, sin hacer caso de las medidas sanitarias elementales. No es la necesidad la que los deposita fuera de su casa, es el desafío a contagiarse, a continuar con esto, en lamentable que tanto adulto tenga el síndrome de Peter Pan.

Esas personas que parecían llevar un niño dentro, ahora también lo llevan por fuera. Y así vamos por el mundo sin rumbo, sin compás y a veces uno llega a creer que sin piloto. porque a lo políticos toca contagiar a su gente de que “hay viento y hay rumbo”.


Ojalá que estas lecciones del mar nos sirvan y aprovechemos para el futuro. Son saludables las encerronas del marinero, equivalen a cero contagios. Es bueno aprender a hacer nudos, eso como terapia ocupacional, el desquiciamiento comienza por no tener nada que hacer. Es bueno espiar a ver si se divisa tierra y gritar Tierra a la vista. Es bueno permanecer en el barco hasta encontrar un buen puerto. No tratemos de encontrar lo malo, pues el mal está en todas partes. Y no es el momento de dejar espacio para que actúe el demonio, es lo que menos queremos... Lo cierto es que ansió empezar a desanudar esta maraña de hilos con los que nos enredo el COVI-19, sé que será duro, pero cada nudo desamarrado pondrá a prueba el resto y esto será nuestra guía, nuestro consuelo, pues no basta con gritar "misericordia Señor" hay que hacer nuestra parte, pues nuestra vida depende de un hilo.






lunes, 3 de agosto de 2020

NO TENEMOS MÁS LLANTO

Esto se acabó. Nuestro eximio gobernador amenaza con volver a cerrar todo a empezar de cero, a decretar ley seca. Nunca supo gobernar quiso parar la pandemia y solo logro prolongarla y ahora anda buscando a quien echarle la culpa.
Nuestras lagrimas secas provienen de no poder ver a los hermanos. Esa crueldad y otras similares nos va dejando el virus. 
Las cosas pintan mal. Lo peor en el sistema educativo, el gobierno reparte internet para todos y equipos para conectarte y no sabemos cuan será el alcance. En verdad se ayudará a estudiantes con bajos recursos o solo servirá para volverlos adictos, ya lo veremos.
La gente y nosotros con ellos no cooperamos, individualmente nosotros no podemos ser agresivos con el virus, solo nos toca defendernos, pero obvio mucha gente ya se cansó. Ya no es que sean incrédulos, ahora va aquello que no hay que tenerle miedo, que hay que aprender a vivir con el bicho.
Lo peor son los vecinos que reciben visitas y organizan fiestas, es ahí donde se siguen dando los contagios.
Pero persiste la lucha, la calle es nuestra y el gobierno se quiere adueñar de ella. Los negocios son nuestros y el gobierno se niega a que los trabajemos. Y ahí va la rueda déjenla rodar... como dice nuestro son. Estamos en la disyuntiva de qué más nos irán a prohibir. 
Mi condición de adulto mayor me otorgo ventajas en su mayor parte. Mi deseo de dedicar mucho tiempo a leer va viento en popa. Solo que ahora tengo problemas para conseguir textos de lector consumado, quiero decir que las necesidades cuando trabajas con textos requieren que como mínimo las bibliotecas estén abiertas. Otra ventaja es no andar durante el día en el sol, cosa que últimamente venía haciendo estragos en mi piel y eso ha mejorado sensiblemente. Otra es que estoy menos en contacto con los gérmenes y microbios callejeros y mi salud se ha mantenido en buenos términos. Otra que mi descanso es el correcto, antes me levantaba muy temprano para llevar a mi hija a la Universidad. O sea, mi condición es un caso raro, pero me mantengo ocupado, porque cuando entro en el vacío profundo, es fastidioso, tengo que aplicar aquello de acordarte solo de cosas agradables.
Imagínense hace cinco años en este día vacacionaba en San Francisco California, hace cuatro en Berlín y hace tres en San Salvador, y ahora no puedo ir ni al Oxxo, más bien no debo.
QUE PERRA ES LA VIDA
Seguimos contando bajas de compañeros y amigos, la última mi compañera Elena Barajas. Lo curioso es que todos los conocidos míos que han muerto en esta pandemia eran, como yo, jubilados de Pensiones del Estado.
Lo que se ha visto mermado son las comidas, en un principio todo era felicidad pues obtuvimos mayor tiempo para preparar alimentos y disfrutamos mucho de platos de preparación más lenta y mejor preparados. Pero ahora esas comidas ya nos enfadaron y estamos en un tránsito que se atoja difícil, pues solíamos complementar con idas a desayunar, comer y cenar a la calle.
Acá donde nos resguardamos conseguir ingredientes y condimentos es más trabajoso. En cambio tenemos lecha recién ordeñada, quesos frescos de calidad, carne y tortillas de primera. Esta región era la primera zona del país en producir maíz, y cuando fuego hubo, cenizas quedan. Tamales y tortillas son un regusto, los tamales yo digo que son pasteles, deliciosos y únicos.
O sea, disponemos de pequeñas cosas, gusto y géneros rotos y gustos y regusto. Una olla podrida puede refrescarnos los tiempos de España en el siglo XVII a la hora de yantar. Una película nos obsesiona con ir a desayunar al Tiffaniy's, gracia a T. Capote. Un film como el Dr. Zhivago nos deja con las inmensas ganas de volverla a ver. Y un noticiero televisivo nos pone de malas. Son los tiempos dirán.
Conocí a un pobre anciano como de ochenta años que se dedica a juntar latas vacías, la primera vez lo intercepté le di como diez y se puso feliz. Otra vez lo encontré y le regalé como veinte, ambas veces se puso feliz. La última le pregunte tímidamente donde vivía, me dijo el rumbo pero no me dio más señas y como estacione al borde de la carretera no puede repreguntarle, pero bueno, ya veremos como ayudarle aunque no me diga donde vive.
De chismes nada, solo aviones oficiales, la pista de la base aérea militar de la Mojonera queda muy cercas, con el otro régimen, cuando pasaban tres helicópteros decíamos, seguro que aquí anda Peña Nieto. Ahora
las cosas han cambiado, vivimos la 4T y estamos complacidos. Jamás AMLO utilizará un avión para transportarse, las cosas como son.  
A todos nos interesa el objeto del deseo, como hijo de cualquier familia nos dedicamos a desear, es como ese feeling de las mujeres, estamos al borde de romper el confinamiento para ir por algo que suponemos nos hace muchísima falta y solo lo podemos conseguir en determinado local, al que forzosamente hay que acudir. Otra vez te seducen los amigos, las reuniones, imagínense yo durante casi cincuenta años me encontraba hasta dos veces al día en el café con mis amigos. Pero eso ya pasó, ya no volveré a hacer eso, por ningún motivo. Pero si tengo ganas de ir a las librerías de viejo, incluso ir a México para acudir a la Lagunilla los domingos a los libros usados. Y luego, otro sí, tengo ganas de ir al mar o de utilizar la alberca del coto donde vivo, pero eso no lo debo hacer. Unas ganas inmensas de ir a Tequila a los Cantaritos o a desayunar avena con molletes. 
la otra parte de mi pide otras cosas más difíciles de complacer, pero ese es otro problema, cuya perspectiva es de tan profunda meditación que debo invertir tiempo para que me quede totalmente clara y poderla compartir.