OTRO DÍA, MISMO PLANETA, TODO BIEN, EXCEPTO EL PROBLEMÓN
Ya está, a nadie le queda claro cómo aguantamos tanto, cómo y cómo, el cuerpo no puede imponer nada. La voluntad es todo. Pero con la pandemia la voluntad se ha nublado. La luz nos abandonó. Las luces del entendimiento se resisten y navegan sin bandera.
La nave se adelanta y da visos, pero luego todo se vuelve un espejismo, al pepenar en frío, nos damos cuenta que estamos solos, que aquí cada quien a sus uñas. lo trágico es que llevamos más de cuatro meses y todavía nadie puede desembarcar.
Hay muchas personas que durante su vida acumularon tanto lastre que ahora descansan en el fondo del mar.
Las bondades del mar se nos han borrado de la mente, aunque sabemos que la vida comenzó en el mar y ese es nuestro futuro. No queda más que confiar en el mar, en ese “azul que es el verde que se aleja”, como escribió Elías Nandino. Ciertamente el mar es mucho más poético. O su extensión arroja más posibilidades al poeta, y su insondeabilidad nos catapulta a pasajes y argumentos sustanciosos. Un aire marino nos envuelve con el intento perenne de convertirnos en poesía, está vez con drama incluido.
Como marinero en tierra andamos todos, en un puerto extraño, sales a la calle por vituallas y regresas con un desaliento que no te cabe en el cuerpo. La gente en su canoa, todos amontonados, sin protección, sin hacer caso de las medidas sanitarias elementales. No es la necesidad la que los deposita fuera de su casa, es el desafío a contagiarse, a continuar con esto, en lamentable que tanto adulto tenga el síndrome de Peter Pan.
Esas personas que parecían llevar un niño dentro, ahora también lo llevan por fuera. Y así vamos por el mundo sin rumbo, sin compás y a veces uno llega a creer que sin piloto. porque a lo políticos toca contagiar a su gente de que “hay viento y hay rumbo”.
Ojalá que estas lecciones del mar nos sirvan y aprovechemos para el futuro. Son saludables las encerronas del marinero, equivalen a cero contagios. Es bueno aprender a hacer nudos, eso como terapia ocupacional, el desquiciamiento comienza por no tener nada que hacer. Es bueno espiar a ver si se divisa tierra y gritar Tierra a la vista. Es bueno permanecer en el barco hasta encontrar un buen puerto. No tratemos de encontrar lo malo, pues el mal está en todas partes. Y no es el momento de dejar espacio para que actúe el demonio, es lo que menos queremos... Lo cierto es que ansió empezar a desanudar esta maraña de hilos con los que nos enredo el COVI-19, sé que será duro, pero cada nudo desamarrado pondrá a prueba el resto y esto será nuestra guía, nuestro consuelo, pues no basta con gritar "misericordia Señor" hay que hacer nuestra parte, pues nuestra vida depende de un hilo.
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