JOSÉ EL SOÑADOR
Durante la noche, larga y lánguida, sin lluvia. soné y me
desperté con la boca amarga. Hace mucho no me repudiaba tanto por mi sueño. Es que parecía que estaba en
una zona incomoda, poco me faltó que la bruma del sueño me provocara sudor o
frío o tan siquiera escalofrío como en otras veces. Y lo que pasa es que casi
nunca recuerdo el sueño. Me resulta difícil recordar tanto detalle y seguir la
historia que generalmente resulta absurda para mi, por mi ignorancia en la
interpretación de los sueños.
Sucede que me encontraba en una sala de computación
maniobrando unos cables con alta tensión que yo mismo, en una ocasión anterior, había dejado ahí.
Incomodo a más no poder, mi primera preocupación era que nadie me viera, la
segunda era que las maniobras no resultaras sospechosas y la tercera que no me
causara daño al manipular un cable pelón. Recuerdo que como pude intenté dejar
las cosas lo más insospechadamente posible. O sea, hacer trampa, dejar las
cosas descompuestas y a ver a quien le toca arreglarlas, como todos los sueños
míos este llegaba a un clímax en que como sombra yo desaparecía del escenario y
me hacia el omiso, desentendiéndome por completo.
El asunto es que yo casi nunca me acuerdo de los sueños
con detalles, mi mente rechaza los hechos que no tienen coherencia, no me gusta
o aborrezco la banalidad. Me resulta difícil creer que con una facilidad
infantil me embarro en cosas totalmente ilógicas, y fuera de mis asuntos
prioritarios, la sinrazón me mata y
nunca he podido entenderla. A veces y con mucha atención en el sueño logro
saber de dónde según mi corto raciocinio, ciertas voliciones generaron escenas soñadas, o elementos que yo mismo guarde en mi
mente, solo que yo las acomodé en el cajoncito de los recuerdos. Por cierto
siempre sueño en blanco y negro aún no logro soñar a colores, dicen, que se
logra practicando e interesándose por lo que sueñas, será. Tampoco he soñado
muertos, mis amigos fallecidos no son negociables ni en sueños, su memoria
permanece intacta y espero que el influencer
del sueño al menos respete eso, tan caro y tangible para mí. Algo hay en esto,
porque ayer que escribí esto mismo el procesador me lo borró todo. No lo
lamenté, no dije la palabrota que se dice en esos casos. Solo me mentalice de
volverlo a escribir, que al fin y al cabo el sueño seguía intacto en mi mente.
Lo que recuerdo de ese escrito es que en un renglón se
leía: yo no soy como José, ni vivo en tiempos en que lo que hacías se escribía
en la Biblia. Pero mi deseo es que mis hermanos no se deshagan de mi a cambio
de una monedas y me entreguen a traficantes de esclavos, renuncio a obtener
todo lo que José recibió como recompensa a la afrenta que le hicieron sus
carnales.
Soñar es preciso, o eso solo se usaba durante el
Modernismo. Para que sirven los sueños en medio de la pandemia, quien gana algo
con eso. Para mi los sueños solo perturban mi cansado cerebro, el cual no guarda espacio para pensar que ocurrirá mañana y que es lo que es bueno para mí y los míos. Lo
de más ciertamente me vale madre.
No quiero saber
nada de la ciencia, me tiene hasta la madre que mueran más personas de dengue
que de coronavirus. Todo porque el gobierno, hasta hoy, sigue sin dar
oportunidad de una vivienda digna y muchos habitantes de Guadalajara sobreviven en
colonias insalubres y con alto peligro de contraer dengue.
Tampoco quiero saber de la ciencia con sus modificaciones
genéticas, las cuales pueden librarte de enfermedades conocidas, pero que pasa
si tu talón de Aquiles no lo contemplaron como posible causa de muerte, como tampoco la ciencia supo predecir el COVI-19.
La pandemia es lo de hoy, está aquí matando a nuestra
gente, desacreditando a políticos que en su momento salían a los medios con maestría
patito de epidemiólogos, todos fracasaron, cuatro meses más los que se acumulen
por muerte de epidemia y sigue y sigue, está aquí y no la atacan. La toleran,
siempre y cuando no se saturen los hospitales y no se vea la acumulación de cadáveres
sin sepultura como nos muestran las fotos antiguas. Eso somos. Para eso nos
alcanza. Y saben que, el presupuesto no alcanza para más.
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