lunes, 3 de agosto de 2020

NO TENEMOS MÁS LLANTO

Esto se acabó. Nuestro eximio gobernador amenaza con volver a cerrar todo a empezar de cero, a decretar ley seca. Nunca supo gobernar quiso parar la pandemia y solo logro prolongarla y ahora anda buscando a quien echarle la culpa.
Nuestras lagrimas secas provienen de no poder ver a los hermanos. Esa crueldad y otras similares nos va dejando el virus. 
Las cosas pintan mal. Lo peor en el sistema educativo, el gobierno reparte internet para todos y equipos para conectarte y no sabemos cuan será el alcance. En verdad se ayudará a estudiantes con bajos recursos o solo servirá para volverlos adictos, ya lo veremos.
La gente y nosotros con ellos no cooperamos, individualmente nosotros no podemos ser agresivos con el virus, solo nos toca defendernos, pero obvio mucha gente ya se cansó. Ya no es que sean incrédulos, ahora va aquello que no hay que tenerle miedo, que hay que aprender a vivir con el bicho.
Lo peor son los vecinos que reciben visitas y organizan fiestas, es ahí donde se siguen dando los contagios.
Pero persiste la lucha, la calle es nuestra y el gobierno se quiere adueñar de ella. Los negocios son nuestros y el gobierno se niega a que los trabajemos. Y ahí va la rueda déjenla rodar... como dice nuestro son. Estamos en la disyuntiva de qué más nos irán a prohibir. 
Mi condición de adulto mayor me otorgo ventajas en su mayor parte. Mi deseo de dedicar mucho tiempo a leer va viento en popa. Solo que ahora tengo problemas para conseguir textos de lector consumado, quiero decir que las necesidades cuando trabajas con textos requieren que como mínimo las bibliotecas estén abiertas. Otra ventaja es no andar durante el día en el sol, cosa que últimamente venía haciendo estragos en mi piel y eso ha mejorado sensiblemente. Otra es que estoy menos en contacto con los gérmenes y microbios callejeros y mi salud se ha mantenido en buenos términos. Otra que mi descanso es el correcto, antes me levantaba muy temprano para llevar a mi hija a la Universidad. O sea, mi condición es un caso raro, pero me mantengo ocupado, porque cuando entro en el vacío profundo, es fastidioso, tengo que aplicar aquello de acordarte solo de cosas agradables.
Imagínense hace cinco años en este día vacacionaba en San Francisco California, hace cuatro en Berlín y hace tres en San Salvador, y ahora no puedo ir ni al Oxxo, más bien no debo.
QUE PERRA ES LA VIDA
Seguimos contando bajas de compañeros y amigos, la última mi compañera Elena Barajas. Lo curioso es que todos los conocidos míos que han muerto en esta pandemia eran, como yo, jubilados de Pensiones del Estado.
Lo que se ha visto mermado son las comidas, en un principio todo era felicidad pues obtuvimos mayor tiempo para preparar alimentos y disfrutamos mucho de platos de preparación más lenta y mejor preparados. Pero ahora esas comidas ya nos enfadaron y estamos en un tránsito que se atoja difícil, pues solíamos complementar con idas a desayunar, comer y cenar a la calle.
Acá donde nos resguardamos conseguir ingredientes y condimentos es más trabajoso. En cambio tenemos lecha recién ordeñada, quesos frescos de calidad, carne y tortillas de primera. Esta región era la primera zona del país en producir maíz, y cuando fuego hubo, cenizas quedan. Tamales y tortillas son un regusto, los tamales yo digo que son pasteles, deliciosos y únicos.
O sea, disponemos de pequeñas cosas, gusto y géneros rotos y gustos y regusto. Una olla podrida puede refrescarnos los tiempos de España en el siglo XVII a la hora de yantar. Una película nos obsesiona con ir a desayunar al Tiffaniy's, gracia a T. Capote. Un film como el Dr. Zhivago nos deja con las inmensas ganas de volverla a ver. Y un noticiero televisivo nos pone de malas. Son los tiempos dirán.
Conocí a un pobre anciano como de ochenta años que se dedica a juntar latas vacías, la primera vez lo intercepté le di como diez y se puso feliz. Otra vez lo encontré y le regalé como veinte, ambas veces se puso feliz. La última le pregunte tímidamente donde vivía, me dijo el rumbo pero no me dio más señas y como estacione al borde de la carretera no puede repreguntarle, pero bueno, ya veremos como ayudarle aunque no me diga donde vive.
De chismes nada, solo aviones oficiales, la pista de la base aérea militar de la Mojonera queda muy cercas, con el otro régimen, cuando pasaban tres helicópteros decíamos, seguro que aquí anda Peña Nieto. Ahora
las cosas han cambiado, vivimos la 4T y estamos complacidos. Jamás AMLO utilizará un avión para transportarse, las cosas como son.  
A todos nos interesa el objeto del deseo, como hijo de cualquier familia nos dedicamos a desear, es como ese feeling de las mujeres, estamos al borde de romper el confinamiento para ir por algo que suponemos nos hace muchísima falta y solo lo podemos conseguir en determinado local, al que forzosamente hay que acudir. Otra vez te seducen los amigos, las reuniones, imagínense yo durante casi cincuenta años me encontraba hasta dos veces al día en el café con mis amigos. Pero eso ya pasó, ya no volveré a hacer eso, por ningún motivo. Pero si tengo ganas de ir a las librerías de viejo, incluso ir a México para acudir a la Lagunilla los domingos a los libros usados. Y luego, otro sí, tengo ganas de ir al mar o de utilizar la alberca del coto donde vivo, pero eso no lo debo hacer. Unas ganas inmensas de ir a Tequila a los Cantaritos o a desayunar avena con molletes. 
la otra parte de mi pide otras cosas más difíciles de complacer, pero ese es otro problema, cuya perspectiva es de tan profunda meditación que debo invertir tiempo para que me quede totalmente clara y poderla compartir.




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