viernes, 30 de julio de 2021

 

 

Fue el año de las modificaciones

de los cambios radicales

del debilitamiento de las confianzas

de los asuntos pendientes.

                  Rodrigo Peralta

 

                                                                     Covid-19

                                                                         Séptima parte

 

Así las cosas, un monstro nos asecha en cada rincón del planeta, una nueva ola llega a nuestro círculo de conocidos y amigos. Y comienza aquello de que te estás quedando solo, que el alma vital de tus amistades cada vez pierde vigor . Eso hace que sientas que ya no puedes más. Ya dos meses de vacunado, y aún en total indefección, la vacuna no te asegura que no te contagies, sólo ayuda para que no se manifiete el contagio tan fuerte.

Y te llegan dudas de si alguna vez hubo un paraíso terrenal. Parece que nuetra protección quedó abandonada en un congestionamiento sin remedio. Los círculos del cielo y del infierno son transferencias a cuenta de la cifra diaria de muertes, hoy día de San Ignacio de Loyola nuevamente estamos implorando misericordia.

Mi memoria se deteriora más pronunciadamente gracias al encierro, soy de esos a los que la casa les pica, prefiero andar en la calle, en el café con mis amigos o ir a buscar ejemplares raros a las librerías de viejo o entrar al mercado al menudo, o, a Santa Tere a comer sin tener que lavar un plato o preocuparme por la falta de ingredientes en la cocina. Y es exactamente este sitio en donde no me asumo y no me concentro, al grado de que ya varias veces se me olvida que ya le había puesto sal a un guiso y le vuelvo a poner. Y padezco ese síndrome de no recordar en dónde dejo las llaves a pesar de usar un llavero y un portallaves, de cien veces que se me pierden sólo una vez recuerdo en donde las dejé.

Y como la misericordia nos abandonó a nuestra suerte, la templanza se aleja cada vez más de nuestra vida cívica, si es que algo nos queda de ella. Y es que en una entrega anterior hablaba yo de que la espiritualidad no aparece, y no la encontramos porque jamás, durante la pandemia hemos puesto en práctica las virtudes cívicas, esas de las que hablaba Platón. Porque nuestro equilibrio armónico vive bajo amenaza y en la incertidumbre. Todos los días a todas horas debemos observar la sana distancia y ponernos el cubrebocas. Y saben qué. No lo hacemos. Y vemos los sufrimientos de los enfermos y su deterioro y solo los apilamos como parte de la cifra diaria de muertos.

 

Otro sí, creo que Dante Alighieri jamás imagino ver el infierno en la tierra, y nosotros estamos a punto. Todo porque no hemos querido aprender, llegó la primera ola y a duras penas logramos sobrevivir. Jamás pudimos decir que nosotros teníamos los zapatos y las manos limpias. La careta, el cubrebocas, las toallitas desinfectantes, el tapete para sanitizar, el gel y demás enjuagues sólo fueron parte de la lista del supermercado. Su uso errático, anárquico y convenenciero. Nos convirtió en prospectos a modo de ser contagiados. Aunado a los oídos sordos y las “ganas por salir” de casa. La sordera. Cada quien escucha lo que le conviene. Mi interés y el provecho del gobierno son distintos. Los que manejan la publicidad de la pandemia últimamente han mandado mensajes equivocados, el primero referente a la inmunidad de rebaño. Como vamos a lograr eso si no producimos vacunas. Si los países que producen vacunas no lo han logrado. Se sabe que Biden ofrece 100 dólares al que se quiera vacunar y ni así ha logrado parar muertes y contagios. Y acá, nunca se alertó lo suficiente a los vacunados y abrió espacios que debería cerrar. Y su estrategia de vacunación fue fallida, es decir, los vacunadores deberían de presentarse diariamente en los lugares de contagio y ofrecer sus escasas dosis a la gente que por alguna razón no puede quedarse en casa y sale diario a exponerse.

 Ideas vemos, corazones no sabemos. Sólo conozco una persona influyente en la vida pública, que dijo que él iba a hacer lo que le dijera su médico, pero se murió. De lo demás que he escuchado poco me sirve, es algo así como basura, propaganda ypublicidad repetida con la intención de que alguien crea que es la verdad. O sea, vivimos vidas separadas y mundos opuestos. El gobierno que habla de igualda, equidad y lotras palabras que suenan bonitas, es el primero en aplicar lo que a ellos les conviene y la población que se las averigue como pueda. El contraste es notorio y la acción del gobierno hasta hoy: insuficiente. Sus avisos imprevisibles y hasta caprichosos. Si ellos se dedicaran a invertir ya hubieran perdido todo su capital. Obvio pero para eso nos tienen a nosotros, como sus conejillos de indias, por ello, nos quiere llevar a una inmunidad de rebaño, porque a veces da la impresión que para las autoridades ni siquiera somos personas.


Pero no hay quien tenga ideas geniales, no hay quien ponga la muestra, los que han hablado y presumido de haber controlado la endemia han tenido que tragarse sus palabras. Solo Dios sabe. Solo la misericordia nos alienta cada día a ir para adelante. Para buscar luces en esta obscuridad tan cegadora, tan cruel y tan larga. La legalidad:  virtud a la cual los poderes públicos están sujetos es letra muerta o está contagiada, hospitalizada y con respiración artificial, por ello la gente se ha vuelto irrespetuosa de las normas de convivencia impuestas por las autoridades. O sea, legal o ilegal cada quien se salva como pueda, y el maremágnum que primero aclare que sí y que no, y que cada quien invierta su parte y si cosecha intereses bueno y si no, también.

martes, 27 de julio de 2021

 


Háblale al Santo

 

Cuido durante el día muchos aspectos. No tengo espacio en ninguno de los casilleros de mi cerebro para más. Soy por característica y signo zodiacal olvidadizo, soy más desmemoriado con los números que con las letras. Reprobé en nemotecnia. Por eso admiro a los que se acuerdan de todo lo que les ocurre. Nunca me he sincerado conmigo mismo ni me he evaluado si tengo síntomas de lagunas mentales, lo siento no soy psiquiatra, ni me gusta esa palabra.

Lo que sí sé es que tengo necesidades que con la edad se van convirtiendo en imperiosas, y como a lo largo de siete décadas preferí dejar las cosas para mañana que hacerlas hoy. Me veo sin herramientas y con pocas posibilidades de aprender técnicas elementales. Aunque como muchos sepa que la nueva terapia, de concentrarse al máximo durante cinco minutos al día ayuda mucho.

Con la ventaja de que no me falla ni la vista ni el oído no consigo avanzar ni retroceder, en ese viaje memorístico por mi cuerpo, porque la mente debe percatarse de lo que hace mi mano o mi pie y también de las otras extremidades, órganos y sistemas. Creo que es ahí donde vale madre todo.

El pedo de que pierda las llaves fácilmente lo he tratado de solucionar, primero con un llavero y luego con un portallaves, pero el asunto de la mano y sus conexiones neuronales con la cabeza de plano no funciona, de las últimas doscientas veces que se me perdieron las llaves solo una recordé donde las había dejado y eso después de una hora de búsqueda.

Y viéndolo bien el tema no es tan enredado, si las llaves que verdaderamente me preocupan ya sé que las tiene San Pedro. Y que no se las suelta a cualquier guey.

 

 

 

Por ello debo poner más atención, por lo menos el doble de atención en mis llaves.

 

jueves, 21 de enero de 2021

 Mis memorias sobre el COVID-19

Cuando eliminamos la solución

                                                                  lógica a un problema,

lo ilógico, aunque parezca imposible,

es invariablemente cierto.

                    Sherlock Holmes

Los asuntos que competen a las investigaciones ponen a dudar a todos. Como eso de que el Banco Mundial envió allá por el año 2019, a por lo menos nueve países material curativo para el coronavirus, consistente en respiradores. También es de aceptarse esos recorridos del virus por el hemisferio Boreal, dejando para más delante el hemisferio Austral. O la preocupante relación de la puesta en operación de la 5G y el virus, que transparentó que los países pobres con menos movilidad que los ricos presentan muy pocos contagios y por ende , casos. Acá es cuando el llamado efecto frontera cobra importancia. La ciencia siempre sometida a aciertos y errores; dudas y certezas.

O sea que ampliando el escrutinio, nos damos cuenta de aciertos y errores. O sea. Un error acertadamente publicitado puede enriquecer a quien lo promueve. Y a la inversa.

Lo que da una idea cierta de la manipulación de datos, pues se considera que solo el 6% de las muertes registradas son achacadas directamente al virus. El resto, son a consecuencia de que el virus arreció otras enfermedades padecidas y los agravó para provocarles la muerte, el caso más multicitado es la neumonía bilateral. El resto presentaron fallos multiorgánicos.

Las sospechan rebasan toda creencia en la ciencia y en los gobiernos. Ha llegado a tanto la manipulación de datos y factores contagiantes que mucha gente cree que el virus no es natural, y que lo soltaron en algún laboratorio. Sin descartar los laboratorios del ejército, así como los dedicados al bioterrorismo.

A veces pienso que deberíamos hacer asambleas de creyentes y redes digitales de incrédulos.

Pero lo que si me parece grave es lo que paso con los doctores Dietrick Klinghard director de un Instituto de neurobiología y la Dra. Judy Mikovits viróloga y exdirectora del Instituto Whittemore Peterson en Reno, Nevada. A quienes se censuro por atacar la existencia del virus y afirmar que la vacuna de la gripa favorece la infección con el coronavirus y que lleva casi diez millones de reproducciones, ahora de manera clandestina.

Otra suerte de montajes sobre las posibles causas de que el virus se transporte por el aire se debe a la detecciones en tierras americanas de partículas de arena y otros materiales microscópicos procedentes del desierto del Sahara, como los llamados iberulitos. O las muchas muertes, dizque de coronavirus y que son más atribuibles a la yatrogenia.

lunes, 14 de diciembre de 2020

 

 Todo lo que una vez fue vivido

 directamente se ha convertido

 en una mera representación.

                                                                                                                                                                      Debord

Otras pandemias están en esta. Cuántas, no sabemos. Lo que tenemos son diez meses de encierro y contando. La cabeza es un cubo en donde no le caben más mentiras, solo de vez en cuando se aferra a esperanzas. Muy pobres en sus frutos, los futurólogos no logran contagiarnos de su entusiasmo, parece que ambos, circulamos en paralelo, pero no es cierto, uno de los dos está estacionado.

Como dice Debord en el epígrafe a muchos de nosotros que no podemos decir que hemos vivido una pandemia, unos por asustados, otros porque se encerraron y echaron herrumbre en sus pies y en su contorno creció el zacate. La yerba es mala cuando nadie la cultiva, el zacate verde es la misma vegetación que nos dice cada día que estamos alcanzando la edad definitiva, la sin retorno, por ello no cultivamos el jardín. Y nuestro jardín interior no sirve porque la falta sol y público.

Sin ambos es difícil[jerb1]  que encontremos la pasión, y sin pasión la vida se torna aburrida y el aburrimiento mata o degrada.

Todos nos negamos a echar la vista atrás, porque vivimos al día, amanecemos respirando tranquilamente y descansamos de una obsesión que nos persigue y nos acarrala que nos impide ser nosotros, que nos lacera y corroe. Y Vamos todos como en un barco fantasma, navegamos y paramos sin tocar puerto, sin terminar el viaje, somo pasajeros al infinito, daremos vuelta y vuelta y el coronavirus ahí, amenazándonos, dejándonos sin respiración, y hasta que la inanición nos alcance.

Yo tengo la vista cansada por no mirar lejos, mi vista vive como yo, al día y de forma precaria, privado de gustos placeres y demás convivencias con seres queridos y amigos. Nuestro alejamiento es tal que retomar lo que hacíamos antes nos resulta de muchísima dificultad, no sabemos por dónde empezar.

Ayer leía una novela obscura, de esas que dices: Imposible que esto vuelva escribirse, en nuestros días solo serviría para aburrir a la gente, y si te digo que la escribió un premio nobel no lo creerías. Pero que curioso la escritura es lo mejor que puedo hacer para ir regenerando mi espíritu, falta saber si deveras se puede regenerar, porque escribir tres renglones lo hace cualquiera.

Es por ello que me urge enfocarme en una terapia ocupacional, para pensar en la pandemia cada vez menos tiempo, hasta que mi mente logre ir en busca de satisfactores que alimenten nuevamente mi agotado espíritu, mis ansias de mirar la cosas y las gentes, ahora si que como éramos antes.

Lamento no ser de esas pocas gentes que sacaron provecho de la pandemia.

Trataré el resto de vida ignorar este Tiempo Nublado, este nuevo amanecer, este empacho de mirar las cuatro paredes sin encontrar los paisajes que solía mirar y disfrutar. Y las cosas que me gustaba ver, los sitio en los que solía estar y pasar buena parte del día. Y ahora no se si quiero volver ahí, porque con la nueva normalidad no sabes ni qué, ayer tuve que salir y fui a un café a leer, a sentir el domingo, y cuando llego estaba retacado de gente y sin sillar, como que a fuerza querían que te llevaras tu bebida, y así no. El café es vida y la vida no puede ser café, se ha tornado obscura.

 

 

 


sábado, 8 de agosto de 2020

 

JOSÉ EL SOÑADOR

 Entonces José respondió: Las tres cestas son tres días, en tres días el Faraón te quitara la cabeza de sobre ti, te colgará en un árbol y las aves comerán tu carne. Génesis 40:21-23


Durante la noche, larga y lánguida, sin lluvia. soné y me desperté con la boca amarga. Hace mucho no me repudiaba tanto  por mi sueño. Es que parecía que estaba en una zona incomoda, poco me faltó que la bruma del sueño me provocara sudor o frío o tan siquiera escalofrío como en otras veces. Y lo que pasa es que casi nunca recuerdo el sueño. Me resulta difícil recordar tanto detalle y seguir la historia que generalmente resulta absurda para mi, por mi ignorancia en la interpretación de los sueños.

Sucede que me encontraba en una sala de computación maniobrando unos cables con alta tensión que yo mismo, en una ocasión anterior, había dejado ahí. Incomodo a más no poder, mi primera preocupación era que nadie me viera, la segunda era que las maniobras no resultaras sospechosas y la tercera que no me causara daño al manipular un cable pelón. Recuerdo que como pude intenté dejar las cosas lo más insospechadamente posible. O sea, hacer trampa, dejar las cosas descompuestas y a ver a quien le toca arreglarlas, como todos los sueños míos este llegaba a un clímax en que como sombra yo desaparecía del escenario y me hacia el omiso, desentendiéndome por completo.

El asunto es que yo casi nunca me acuerdo de los sueños con detalles, mi mente rechaza los hechos que no tienen coherencia, no me gusta o aborrezco la banalidad. Me resulta difícil creer que con una facilidad infantil me embarro en cosas totalmente ilógicas, y fuera de mis asuntos prioritarios,  la sinrazón me mata y nunca he podido entenderla. A veces y con mucha atención en el sueño logro saber de dónde según mi  corto raciocinio, ciertas voliciones  generaron escenas soñadas, o elementos que yo mismo guarde en mi mente, solo que yo las acomodé en el cajoncito de los recuerdos. Por cierto siempre sueño en blanco y negro aún no logro soñar a colores, dicen, que se logra practicando e interesándose por lo que sueñas, será. Tampoco he soñado muertos, mis amigos fallecidos no son negociables ni en sueños, su memoria permanece intacta y espero que el influencer del sueño al menos respete eso, tan caro y tangible para mí. Algo hay en esto, porque ayer que escribí esto mismo el procesador me lo borró todo. No lo lamenté, no dije la palabrota que se dice en esos casos. Solo me mentalice de volverlo a escribir, que al fin y al cabo el sueño seguía intacto en mi mente.

Lo que recuerdo de ese escrito es que en un renglón se leía: yo no soy como José, ni vivo en tiempos en que lo que hacías se escribía en la Biblia. Pero mi deseo es que mis hermanos no se deshagan de mi a cambio de una monedas y me entreguen a traficantes de esclavos, renuncio a obtener todo lo que José recibió como recompensa a la afrenta que le hicieron sus carnales.

Soñar es preciso, o eso solo se usaba durante el Modernismo. Para que sirven los sueños en medio de la pandemia, quien gana algo con eso. Para mi los sueños solo perturban mi cansado cerebro, el cual no guarda espacio para pensar que ocurrirá mañana y que es lo que es bueno para mí y los míos. Lo de más ciertamente me vale madre.

 No quiero saber nada de la ciencia, me tiene hasta la madre que mueran más personas de dengue que de coronavirus. Todo porque el gobierno, hasta hoy, sigue sin dar oportunidad de una vivienda digna y muchos habitantes de Guadalajara sobreviven en colonias insalubres y con alto peligro de contraer dengue.

Tampoco quiero saber de la ciencia con sus modificaciones genéticas, las cuales pueden librarte de enfermedades conocidas, pero que pasa si tu talón de Aquiles no lo contemplaron como posible causa de muerte, como tampoco la ciencia supo predecir el COVI-19.

La pandemia es lo de hoy, está aquí matando a nuestra gente, desacreditando a políticos que en su momento salían a los medios con maestría patito de epidemiólogos, todos fracasaron, cuatro meses más los que se acumulen por muerte de epidemia y sigue y sigue, está aquí y no la atacan. La toleran, siempre y cuando no se saturen los hospitales y no se vea la acumulación de cadáveres sin sepultura como nos muestran las fotos antiguas. Eso somos. Para eso nos alcanza. Y saben que, el presupuesto no alcanza para más.

 

miércoles, 5 de agosto de 2020

UN MAL DIA LO PASA CUALQUIERA


Hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre. Dios proveerá, dejemos el resto para los mediocres y comencemos por no levantarnos con el pie equivocado. Todo iba bien hasta ayer. Mañana comienza el novenario a la Virgen de la Asunción y el Pueblo de Atemajac, iniciará sus fiestas.Creo es la única razón por la que me gusta el mes de agosto, es el mes en que nuestros antepasados le echaban más ganas. Así que la pregunta de sus habitantes es “Qué vas a estrenar para las fiesta”. Es día de andar bien garreado y de mirar en la plaza a todo el pueblo. Claro que es una fiesta muy grande y acuden devotos de otros lugares cercanos.


Si pero hay cosas que no riman. Hay amenaza de un parón y volver a cero. La gente en la calle y las reuniones son pan de todos los días. El Alcalde de Tapalpa declaró toque de queda en su municipio, así o más claro.Entonces la noción de un parón se vuelve catastrófico. No cabe en la mente de nadie, por más falto de cordura o pérdida de sus condiciones mentales sanas. Y es que está pasando eso, que se cuiden los demás a mi déjenme hacer mi vida normal, como antes. Y ese es el punto, nadie quiere acatar los considerandos, todos hacen caso omiso a las nuevas condiciones de convivencia y quieren imponer su criterio.

Uno: En caso de pandemia debes tener una persona a quien hacerle caso y en quien confiar a plenitud.Tú eliges donde depositar tu confianza.

Dos: Nadie va a coartar tu libertad, solo piensa en que si te contagias, a cuántos vas a contagiar, y eso incluye a tus seres queridos, que son los más vulnerables.

Tres: No vives aislado, si eres citadino, nadie te tiene aquí, eres libre de ir a donde más te agrade, pero si te decides por esta ciudad debes respetar sus reglas y acatar las recomendaciones.

Y el problema es que hay gente mal intencionada y quiere que nos hundamos más como sociedad. Que no le interesan las vidas que se pierdan. Que no le importa nada.

Es media semana y el aburrimiento cambia el ritmo de vida. Ya no pasa lo que antes que con el aturdimiento no sabías ni que día era. Poco a poco te percatas que la nueva realidad está imponiendo su fuerza y ritmo y que muchos nuevos criterios llegaron para quedarse. Y entre más pronto te acoples, disfrutarás o tratarás de disfrutar lo que nos queda. No hay más. Y buscale.

Hoy vinieron a instalarnos un servicio de Internet para áreas rurales, se llama Metanet, esperamos mucho de esa utilidad.

Hace rato pasó un aeronave de esas gigantes, la primera que veo en cuatro meses de encierro, un avión de ese tamaño provoca alegría y lo interpreto como una señal de que los vecinos van mejorando en esto de la pandemia, porque seguro es de los aviones que van a Estados Unidos.


No tenemos para dónde, ni para cuando. Solo puedo salir a dar la vuelta al coto y regresar y eso utilizando el cubrebocas. No vemos nada, ni películas en la vídeo.

El internet mejoró.Ahora depende de usarlo racionalmente no vayamos a caer en dependencia, si bien la vida es aburrida, creo es donde todos coincidimos, en el fastidio que nos ocasiona el no poder hacer lo que hacíamos antes. 

Porque anclo en todo eso. Porque nos gusta pecar. Por qué arriesgamos demás.Tenemos miles de preguntas sin resolver. Nos estacionamos en la duda y eso no conduce a nada, no es que dudemos en el sentido que explica San Agustín: “El que duda cree”. Nosotros naufragamos en la duda y eso puede hundirnos, no nomás nosotros sino la humanidad entera. En estos momentos llega de pronto, por la ventana, un aire veraniego, y eso siempre abriga esperanzas.Por eso este apartado lo titulé un mal día lo pasa cualquiera. Son razones y en esa misma proporción debemos de responder. Lo mejor que podemos hacer es estar alertas con o sin incredulidad, con duda y sin ella.Y como el fardo es muy pesado debemos de apoyarnos, de ayudarnos, de solidarizarnos y así se compartirá esta somnolencia, esta inacción, este perverso malestar que socava nuestra mentalidad y nuestro esquema del “ser y el tiempo”. Y si se nubla, esculcas en el cuarto de los tiliches y enarbolas ese sol que le pidieron a tu hija cuando actuó en un festival de la escuela.

El chiste es que tu vida y la de los tuyos esté salvaguardada y todas las medidas que tomes sean para bien, para mejorar, para encaminarnos en la ruta de la tranquilidad, la salud, la sana distancia y llegar a la meta de todas las medidas son necesarias, por que ninguna está por demás. Ya hasta parece desiderata.


martes, 4 de agosto de 2020

OTRO DÍA, MISMO PLANETA, TODO BIEN, EXCEPTO EL PROBLEMÓN


Ya está, a nadie le queda claro cómo aguantamos tanto, cómo y cómo, el cuerpo no puede imponer nada. La voluntad es todo. Pero con la pandemia la voluntad se ha nublado. La luz nos abandonó. Las luces del entendimiento se resisten y navegan sin bandera.

La nave se adelanta y da visos, pero luego todo se vuelve un espejismo, al pepenar en frío, nos damos cuenta que estamos solos, que aquí cada quien a sus uñas. lo trágico es que llevamos más de cuatro meses y todavía nadie puede desembarcar.

Hay muchas personas que durante su vida acumularon tanto lastre que ahora descansan en el fondo del mar.

Las bondades del mar se nos han borrado de la mente, aunque sabemos que la vida comenzó en el mar y ese es nuestro futuro. No queda más que confiar en el mar, en ese “azul que es el verde que se aleja”, como escribió Elías Nandino. Ciertamente el mar es mucho más poético. O su extensión arroja más posibilidades al poeta, y su insondeabilidad nos catapulta a pasajes y argumentos sustanciosos. Un aire marino nos envuelve con el intento perenne de convertirnos en poesía, está vez con drama incluido.


Como marinero en tierra andamos todos, en un puerto extraño, sales a la calle por vituallas y regresas con un desaliento que no te cabe en el cuerpo. La gente en su canoa, todos amontonados, sin protección, sin hacer caso de las medidas sanitarias elementales. No es la necesidad la que los deposita fuera de su casa, es el desafío a contagiarse, a continuar con esto, en lamentable que tanto adulto tenga el síndrome de Peter Pan.

Esas personas que parecían llevar un niño dentro, ahora también lo llevan por fuera. Y así vamos por el mundo sin rumbo, sin compás y a veces uno llega a creer que sin piloto. porque a lo políticos toca contagiar a su gente de que “hay viento y hay rumbo”.


Ojalá que estas lecciones del mar nos sirvan y aprovechemos para el futuro. Son saludables las encerronas del marinero, equivalen a cero contagios. Es bueno aprender a hacer nudos, eso como terapia ocupacional, el desquiciamiento comienza por no tener nada que hacer. Es bueno espiar a ver si se divisa tierra y gritar Tierra a la vista. Es bueno permanecer en el barco hasta encontrar un buen puerto. No tratemos de encontrar lo malo, pues el mal está en todas partes. Y no es el momento de dejar espacio para que actúe el demonio, es lo que menos queremos... Lo cierto es que ansió empezar a desanudar esta maraña de hilos con los que nos enredo el COVI-19, sé que será duro, pero cada nudo desamarrado pondrá a prueba el resto y esto será nuestra guía, nuestro consuelo, pues no basta con gritar "misericordia Señor" hay que hacer nuestra parte, pues nuestra vida depende de un hilo.