miércoles, 27 de mayo de 2020


Reducir el riesgo
Los penates serán nuestros protectores de hoy en delante. Estamos como decía el poeta encarrilados a pedir sosiego a la negrura. Hoy 27 de mayo amanecimos anatematizados “Jalisco y Nuevo león …hasta octubre” levantarán el confinamiento.
No nos vayan a salir que no leímos bien los escolios y que nos atengamos a las consecuencias.
Aquí salen a relucir muchos asuntos cristianos, políticos, literarios, modales, y como decía Platón la boética.**
Los políticos están a la vista, gobernadores voraces, algunos incrédulos, otros se la van llevando con ganas de enchílame otra, como muchos presidentes municipales. O sea, no se puede. Costos van, costos vienen y el pueblo paga con sangre, o con impuestos. Para ellos el pueblo es chatarra que trataran de revender al mejor postor.
Los literarios están a la orden del día, cada literato con su tema. Unos demasiado exagerador, otros en exceso precavidos. Ninguno de ellos es infectólogo. Y  todos echan mano de la fantasía. Y eso quiere decir que no tenemos más información.
Los modales se están desbordando, ayer hacia fila para entrar al banco, estaba una familia completa con un bebé de meses (a qué chingados lo llevan), eran el centro de la mirada de todos. Luego llego una persona adulta y la pareja y el nene corrieron a abrazar a la recién llegada.
Esa sola escena dice más que mil palabras, hay gente que se cree inmune. Lo mismo que gente creyente en que el virus no existe. Otros  en que para que encerrarnos si de todos modos todos nos vamos a contagiar.
Sales del banco y decepcionado volteas y volteas para atrás para ver si no te siguen los endriagos.  O sea pesos torales nos han cautivado la mente, el cuerpo pide a gritos otro trato más justo o más equilibrado. El magnetismo de la gente imprudente me pone de malas, pero cuando llegamos a exponer a los niños entonces me encabrona, recuerdo que en Perú reprendí a un padre de familia que le dio en ayunas Coca light a su hijo. Dirán que alucino que dioses vulgares me atraparon con su encantamiento. Lo cierto es que todo embeleso lleva su penitencia.
La boética de Platón, según comenta Diógenes Laercio  “destierra las dolencias con el auxilio pronto y oportuno”. Así las cosas, todo nos duele, pero para disimularlo ofrecemos ayuda a los demás.   Porque fundaciones a las que la gente humilde les ayudó  han sido incapaces de retribuir a quienes están a punto de perderlo todo y tienen que salir a la calle a inmolarse.
Quisiera eludir lo de la parte económica, pero este escrito quedaría incompleto, para mí el neoliberalismo solo benefició a unos pocos y creó infinidad de  monstros que van desde  John Paulson hasta Louis Bacon, pasando por Soros y  Bill Gates, capaces de debilitar economías con sus comentarios.
Y ahí es donde entra lo que aprendí de Max weber: Quién gana con esta pandemia. Los dueños de capitales dormidos que buscan clientes no morosos que soliciten préstamos. Los dueños de grandes laboratorios, la mano más visible. O la lucha por la hegemonía económica a nivel mundial. O simplemente quieren deshacerse de unos miles de pensionados que sobrecargan los presupuestos de países extremadamente longevos.

lunes, 25 de mayo de 2020


Año cero de la pandemia
Sería de alguna utilidad en que si ya nada va a ser igual, que comenzáramos a medir el tiempo a partir dela pandemia. Ya los veo de aquí a diez, quince o más años decir, “yo soy de la pandemia p’aca”.
Y si estamos en el año cero, sería  provechoso empezar a sentar las bases. Con todo y que la solidez del pensamiento ande naufragando.
No solo se trata de que cada uno diseñemos nuestro atuendo y nos esmeremos en usar una careta totalmente original e irrepetible. Eso siempre y cuando tu diagnóstico y tu horóscopo coincidan, si no , pues lo que quieran los dioses.
Pero lo de hoy es cómo salir de la parálisis, de fondo o de medio fondo. El virus a succionado nuestra diaria actividad, el que diga que hace lo mismo que antes de la encerrona, miente. Con decirles que la perdiciones de los hombres ya no son las mujeres, sino el coronavirus. Y tus amistades, ya no son tan amigos como antes, y menos si la persona cercana viaja, o comparte un auto, o dejó de admitir riegos.
Ahora todo cuerpo cercano es sospechoso y algunos cuerpos ya tramitaron su etiqueta de enemigos. Don angustias casi, casi es llevado a los altares. Y muchos con y alma de inmortales son considerados idiotas, por arriesgarse a contagiarse y contagiarnos. Lo cierto es que el resto de nuestra vida el mundo será necesariamente más sano. El volver a imponer nuestras condiciones y reservar el derecho de admisión se ha vuelto algo simbólico.  Los productos autoaderentes son ya un peligro, algo latente. Muchos objetos en nuestro entorno serán declarados dentro de pocos días cosas de gran inutilidad.
Y así nos acercaremos a conservar en buen estado muestro organismo, el cual debe ser súper robusto, para  que pueda superar cualquier contagio intento de deterioro en la salud. Ser sano hoy día es insuficiente.
Ayer se suscitaron largas colas de energúmenos para adquirir cervezas, lo que para muchos resulto un exceso más, pero para otros fue un gran escándalo. Y así iremos concentrándonos y desconcentrándonos, con toda la razón, mientras otros parecen haberla perdido. Por ello los seguros de gastos médicos se han convertido en prioridad, así como un ventilador para una emergencia. De aquí a que se encuentre una cura eficaz o una vacuna más vale que encendamos una vela, a no tener que aguantar toda la obscuridad.

domingo, 24 de mayo de 2020


El mar siempre  el  mar
Hasta hoy, siempre hablaremos de hoy, esa es una condena impuesta por este bicho maligno, que tanta y tanta mala vibra ha escurrido y amenaza seguir produciendo.
No es un retajilar de hablar de lo inmediato, pues despiertas y de inmediato  aceptas que no se ha ido, que hay que aprender a convivir con él, le duela a quien le duela, le pese a quien le pese.
Sé cómo estamos tomando esto los viejos, los de mi generación, los que nacimos en los cincuentas. Pero los jóvenes a los que el virus les cambia moda, gustos y les aplaza sus deseos.
Jóvenes a los que los eventos le son esenciales, dejan hasta un mes de sueldo por asistir a un concierto de alguno de sus artistas favoritos. Y pensar que el coronavirus ya ha cancelado más eventos que Hitler. Ilusiones van ilusiones vienen.
Mientras el atole se echaba a perder, el tiempo se detuvo. Los grumos en el atole sólo detienen la amenaza para ir a comprar comestibles al supermercado o hacer pagos. Si se aguada el atole es por el calor, si se echa a perder es culpa del coronavirus y sus mil tretas, sus distintas facetas las cuales somos incapaces de pronosticar. Presagiar que se aguade la masa es tarea de los más escépticos.
Y como el atole nos trajo sus enseñanzas, hoy día primero se compra la cubeta para ordeñar la vaca y después ya veremos cómo comprar la vaca, porque en el futuro tomaremos el atole con leche.
O sea vamos rumbo a caminos desconocidos pero seguros, por ello el mar es nuestra mejor alternativa. Todos los océanos ofrecen terrenos poco accesibles, con lo que el virus, al fin, encontraría una barrera abisal. Que tan infranqueable sería ese contenedor, nos tenemos que arriesgar para saberlo.

viernes, 22 de mayo de 2020


Cada día que pasamos el encierro nos envuelve y ataca nuevas fibras que ya creíamos que no existían más. Vivimos en un mundo sin aspiraciones con un nudo hoy y el mismo nudo mañana. Todos los que creíamos en nuestra fuerza espiritual vemos como los socavones amenazan con derrumbe.


Todas las políticas oficiales han sido una a una derogadas por la pandemia. Los valores oficiales desenmascarados, las medidas implementadas sordas. De algunas disposiciones elementales solo llega de vez en vez un eco. El sistema de gobierno veja y humilla o naufraga, lo mismo da, acá todos compramos boleto o nos lo regaló la naturaleza, su  majestad el virus parece que tiene etiqueta de imperecedero.
El coronavirus se adueñó del tiempo de millones y millones de gentes. La razón es hoy un rollo más perdido que el eslabón, y la cadenita de Carmen. Lo singular dela modernidad es sales y solo te jodes, o te joden con o sin careta, un descuido y te vas directo al crematorio.Es la verdad, por eso pensamos mal de los políticos que permitieron que el virus se apoderara de cuerpo y alma de los ciudadanos.
En la ciudad vacía, el Realismo se impone al arte visual. La prisa, el run run, el smog, el stress y demás telarañas andan desocupados, laxos. El surrealismo al que todos nos abrazamos como tabla de salvación permanece paralizada. A De Chirico lo contrataron para obscurecer con sombras los edificios. Al pobre cisne nadie lo encuentra aunque para sacar energía negativa del organismo mucha gente traiga ganas de torcerle el cuello. Si el museo es un socavón a perpetuidad, el caballete sin etiqueta no encuentra su Mecenas.

lunes, 18 de mayo de 2020



Un hálito de posible solución
“Quiero escapar, quiero salir/Quiero reunirme junto a ti/No aguanto más la obscuridad/me falta el aire para respirar. Dice la canción de Warcry.
Este estado de ánimo está fijo, en una parcela ajena al orden humano. Porque cuando se habla de un periodo de aislamientos en tiempos normales (aunque ya no hay tiempos normales) el entorno es un santuario. Aunque en realidad vivamos con el tragaluz como única opción. Describir de manera sencilla y con economía de palabras la pandemia no nos llevara a ningún lado. Porque el COVID-19 nos ha expulsado de nuestros paraísos artificiales. Hoy el virus cobra caro por viajar más allá de tu habitación. Amenaza todo, cruza océanos y malogra la atmósfera, su actitud desaforada desvanece el hábitat.
Cuando pensamos en los habitantes del año 999 y estaban ofuscados por que llegar al año mil significaba destapar la caja de Pandora y luchar contra todos los demonios, más la obscuridad y las múltiples plagas que amenazaban con asolar y destruirlos. Es entonces que ocasionalmente usa un velo para engañarnos, pero su insistencia se vuelve cada vez más intranquilizante. Por ello vivimos con nuevas consideraciones cada vez, sobrevivimos al día, con todo el sistema hormonal enfocado al discernimiento, no podemos hablar del mañana porque abordamos lo prematuro, lo que sí, que con todo lo que hemos utilizado para defendernos y no estar cuerpo a cuerpo con ese mal, vamos formalizando un cannon, unas normas que cada día expurgamos, para no volvernos intransigentes.
Nuestro ascetismo nos encamina a una vida monacal, con experiencias espirituales, no las mejores. Nos hemos vuelto cantantes, médicos, guardianes, cuentacuentos y poetas ocasionales. Nuestro carácter se ha vuelto extraño, sin chispa, sin comparaciones con nada de lo anterior. Como si hablar del pasado fuera renunciar a la salvación. Sólo aspiramos a la tierra media en donde los esencial sea el común denominador.
En los tiempos de la Ilustración La historia del mundo y la Historia de la salvación eran idénticas.
Estamos todos y todas aprendiendo a envejecer, por eso antes de irnos a la cama debemos cerciorarnos que loe cuatro rincones de nuestra habitación sean un refugio claro y limpio, para que por lo menos los puntos cardinales nos ayuden en el viaje.


sábado, 16 de mayo de 2020

COVID-19


Nadie merece la extinción, todos ameritamos otra oportunidad. Optando por lo sencillo, desarrollando esos proyectos menores que vivifican, que aportan al cuerpo y al alma, buscando estar en paz con nosotros mismos, una y otra vez.
Una y otra vez he puesto en mis planes que debo de hacer una lista con las canciones que me gustan. Y todo porque el COVID-19 asecha en una esquina cualquiera, por ello bueno sería que “me inyecten suero de colores…que la ciencia no funciona…inyéctame tu amor como insulina…(JLG) Si tú no vuelves mi voluntad se hará pequeña…no quedarán más que desiertas”.
Una y otra vez… las canciones para sacudirnos la miseria de estar soterrados y la riqueza de estar vivos.
Porque lo que es pesado y fastidioso es que nosotros cargamos al virus, lo alimentamos, lo transportamos y lo odiamos, es un todo como si fuera una relación tóxica, un amor-odio oxigenado y a punto. Otra cosa es el discurso oficial ahí existe otra relación, una relación de cosa juzgada, un tris y todo con su sana distancia con el gesto adusto. O sea un efecto impeditivo que lo mismo abre fosas de panteones, que deposita a los enfermos en la corteza del sufrir, esperando el silencio para contestar la pregunta ¿No oyes ladrar al COVID-19?
Los contemporáneos cultos no pueden escapar del sentimiento de que algo muy diferente está ocurriendo. Y los  que nombran las eras, o dan nombre a los años se ofuscaran con la tentación de llamarle  año uno a partir del primero de enero próximo. No sabemos si la redención, en cualquiera de sus manifestaciones haga olvidar lo sucedido, lo más seguro es que no. No pasará aquello de ese virus se quitan con limones, o con cualquier otro depurativo, agua de Jamaica, de coco o de tamarindo. Nadie sabe. Porque más bien somos aficionados a predecir las consecuencias, aunque repetidamente fallemos en eso.
Por ello amanecemos con aumentar el empeño en vindicarnos. Por ello hay días que todo transcurre en un complot de optimismo. Y la siguiente mañana todo se desvanece, no dormí bien, la comida fue muy pesada y de difícil digestión, los alimentos ingeridos no fueron los adecuados. Hasta que te ofrendas y dices esto es improrrogable. Por ello es muy sano abogar por el regocijo. Sobre todo por el temor a lo frenético, a lo que los paisajes inéditos y no revelados nos anuncian los tiempos por venir. No podemos decir tiempos modernos, porque estaremos ocupados en quitar las sombras del presente.

jueves, 14 de mayo de 2020



los contemporáneos cultos no pueden escapar del sentimiento de que algo muy diferente esta ocurriendo. Y los  que nombran las eras, o dan nombre a los años se ofuscaran con la tentación de llamarle  año uno a partir del primero de enero próximo. No sabemos si la redención, en cualquiera de sus manifestaciones haga olvidar lo sucedido, lo más seguro es que no. No pasará aquello de ese virus se quitan con limones, o con cualquier otro depurativo, agua de Jamaica, de coco o de tamarindo. Nadie sabe. Porque más bien somos aficionados a predecir las consecuencias, aunque repetidamente fallemos en eso.

miércoles, 13 de mayo de 2020

literaturatapatia.blogspot.mx



Porque en este esfuerzo lo que si nos queda claro es que nos aferrábamos a muchos objetos y diversiones superfluas. Y hemos sufrido el estar abigarrados saturados en dominios impropios, emergentes. Eso porque anhelamos el devenir, como sea, ya sortearemos lo que nos toque. No hay más, la vela, la candela, el encendido de la obscuridad.
La tornasolada ambigüedad nos puede enganchar para regresar por el camino a ciegas, y no podemos detenernos en el infaltable autoengaño, porque es precisamente donde nace el error.
No podemos retrotraer la realidad, ni depositar nuestras esperanzas en el realismo ingenuo, por más fino que sea el hilo de la apariencia.
El nuevo encuentro con el entorno irá a la zaga del mundo conocido. La precaución, la duda, la distancia exigirán atención y obediencia a las nuevas reglas de convivencia.
Tus reglas, las que tus luces de empírico te permitan.
Tus creencias te acompañaran siempre, sean parte de tu derrotero o parte de tu incredulidad en el contagio.Porque tenemos, querámoslo o no a los obsesionados, a los hipocondríacos y a otros muchos que se contagian de todo.
O sea la desestabilización en los niveles social, política, económica y salud quedan bajo nuevo resguardo. Estaremos precisados a llevar con nosotros nuestro carnet de seguridad social?
Muy poco es el margen y las certezas y muy pantanoso el cumulo de desconfianza de precauciones y nuevas necesidades, las urgentes y las a largo plazo.
La gran idea de la salud está siendo puesta a prueba como nunca. Un endiablado virus con fuerza ronda nuestro entorno, daña nuestro aparato inmunológico. Su potencia radica es que no lo podemos ver, no lo podemos ver, no lo podemos esquivar. Por ello cada día aumenta nuestro temor.
Nadie está tranquilo ante las insuficientes explicaciones de los enterados, de los estudiosos, de los que poseen experiencias similares.
Resulta chocante por hondo y falto de espíritu ese encarecedor manojo de falsas verdades y conclusiones disparatadas. Se deja sentir la mano de quienes se aprovechan de mentes en reparación o es estado de distrofia. A una gran parte de la población no le caería mal el apoyo psicológico.
Los medios electrónicos siguen perdiendo credibilidad, pues cada comunicador ofrece informaciones con su lenguaje amañado, que responde a intereses muchas veces contrarios al escucha o tele-espectador. Porque los que manejan la opinión pública y la economía mundial acaparan y pagan los espacios para favorecer sus negocios, al costo que sea defienden sus territorios, sus productos y sus ganancias.
O sea la opinión pública tiene dueño. Y el pueblo las enfermedades, porque a más de alguien la opinión pública lo ha enfermado, o está a punto de enfermarlo.
Y qué sigue, a dónde vamos, de dónde venimos.
A ese grado todos tendremos que hablar en lenguaje científico, interesados o no, yo diría que debemos llevar un costalito de preguntas, de dudas y de normas elementales en busca de objetivos. Preservar la salud, amanecer como antes, con certezas, sin angustia.

martes, 12 de mayo de 2020


El camino del 2020

La primera parada de esta peregrinación nos abandonó sobre el cascajo, sobre el advenimiento. Y por qué si seguíamos las huellas del paraíso de repente este  virus de tránsito libre nos pone en camino del infierno terrestre.
Como si fuéramos juguete de la política. Estás arriba, estás abajo.
El camino hoy día no conduce a ninguna parte, das un paso y aparece un letrero, una avioneta anunciando quédate en casa. O te puedes topar con un anuncio: “Estás es una zona de contagio del coronavirus”.
Y tú acostumbrado a salir de tu casa sin medidas sanitarias, sin obedecer todas las recomendaciones de abandonar el hogar con seguridad.
Sabemos que dejas tu residencia y no puedes predecir si regresas o no. Lo que la calle ofrece en nuestros días está cargado de una plasticidad contagiosa que equivocarte te conduce con seguridad a tu peor pesadilla.
El aquí y ahora no es un movimiento artístico sino una oportunidad, salgo de casa con todas las condiciones a mi favor y regreso al hogar a ofrecer seguridades y un mantenimiento eficiente de no contagiar a nadie.
No cruzas la puerta para ir a jugar, lo haces por necesidad.
Todos ya sabemos que los “caminos de la vida no son como yo quería”, que dar pasos fuera de tu residencia implica un porcentaje riesgoso, pero tu sana distancia, tus atuendo tipo armadura medieval. No le hace que más de algún vecino mira “ahí va el viejo loco medieval”. Ya nos llevamos, vecino.
Pero así somos, mi mujer siempre me dice ya viste lo que hizo el borracho. Lo dice para referirse al vecino, que desde que alguien lo encarriló en el vicio a comenzado a destruir todo lo que lo rodea. Pero la condición del vecino no es más que una metáfora de lo que nos puede pasar si no cuidamos nuestra actuación y nuestro comportamiento. Para qué dar de que hablar. Pero cada uno nos manejamos de forma diferente, tú y los tuyos, yo y los míos. Tus pecados no son mis pecados. Casas, restaurantes, alojamientos, negocios, talleres, parques y otros lugares públicos han cerrado sus puertas. Y nosotros que no queremos que nos digan pedantes seguimos poniéndole buena cara a la vida. Ofrecemos lo que tenemos a nuestro prójimo. Porque queremos que lo mejor de nosotros reluzca y tome curso para que todos enfrentemos la pandemia con la cara en alto. Y sobre todo no te pueden explicar por qué 2020, es fin de qué. Es el comienzo de una nueva era, o como a veces decimos: solo son ganas de chingar.

Sería bueno que al salir de la reclusión encontremos pronto las arterias del progreso, del disfrute pleno de la calle, del parque que nos hacía guiños y de los casinos que nos ofrecían la riqueza pero que rechazábamos porque es mejor tener mucha salud que dinero.

lunes, 11 de mayo de 2020

literaturatapatia.blogspot.mx



Cuando algún historiador escriba lo que siguió a los tiempos del COVD-19 y veamos con otros ojos nuestra realidad, qué  será lo primero que nos hará recordar estos momentos, si con nuestro comportamiento estamos escribiendo nuestra historia.O es que estamos mandando señales de los mucho que la vida nos ofrecía antes de. Seguiremos aún sin saber que lo que vivimos presentaba todas las señales de una verdadera obstrucción del pensamientos. Y lo que sigue será  La época de la Gran Restauración. Y como lema llevará otra forma de vivir.
Pero parece imposible, lo primero será un recuento de todo lo que nos han despojado, al grado que muchos de nosotros quedaremos casi encuerados,  nuestras baratijas en la tienda de empeño. Nuestra base material quedará resentida y ya no podremos decir cosas como eso de que un peso no te hace ni más pobre ni más rico, porque ni implica y no corresponde al deseo inmediato de tener salud y luchar contra lo que venga. Un segundo efecto serán los resultados. Una vacuna. Un medicamento eficaz. Y luego esa visión de la realidad que al día de hoy nos vemos tan clara. No tenemos un espejo que nos ayude a emprender el trabajo. Porque tampoco sabemos cuál será la nueva medida de las cosas y con que mentalidad estaremos dispuesto a aceptar o dar por hecho los nuevos principios de vida.
Cuánto estamos dispuestos a perder. O cuánto estamos dispuestos a pagar. Qué objetos de nuestro entorno se están desdibujando. O no se desdibujó nada y todos estaremos padeciendo migraña. O estamos siendo demasiado optimistas y la ya famosa cuarentena sólo es la base piramidal de otros confinamientos. Acá todo mete ruido, todo altera el sueño. Ojalá este encierro sólo nos enseñe a vivir al día, eso sería lo más deseable, y que por cada comida que hagas de manera relajada en las otras dos no des concesiones y tomes porciones realmente saludables.
Pero estoy muy optimista desgajando la naranja, no a todos se nos da para bien el aprendizaje, la experiencia, no todos están por sacar provecho del sacrificio a que nos arrastró nuestras faltas, nuestros pecados en contra del entorno, de los malos hábitos.
La vida ser otra cosa que esa monserga que nadie quiere escuchar de haz esto, haz lo otro. Cómete esto, compra aquello.Ya duérmete. No te malpases.
Busquemos una regeneración pero a partir de un vínculo más completo, de coordenadas más amplias. Comencemos con un sistema más amplio en donde la seriedad del  momento seda su lugar preeminente a la risa, simple, llana, cómplice.
Hay que ir más protegidos pero más ligeros. Hay que apostar por la higiene de agua, jabón y gel.
Y si sobreviene el desencuentro y el patógeno sabe embestir hay que darle muletazos  en redondo hasta marearlo. Pero tampoco debemos olvidarnos de colgar letreros bien claros de “Peligro acabas de entrar a una zona de alto riesgo de COVID-19”.

domingo, 10 de mayo de 2020

Filósofos verdaderos
La calle es un zoom despoblado, la ciudad sin encantos luce su desnudez, a la vía recreativa se le perdió el sistema, lo único que funciona es acudir a la providencia, clamar misericordia o encomendarte a todos los santos.
La urbe vacía ha perdido su lema principal, "Sabiduría y fortaleza custodian a esta muy noble y leal..." sus dioses lares de tantos baños de cal se confunden en el paisaje, son inoperantes. Las reglas del juego no quieren echar su surte a las alcantarillas. Los filósofos de la calle no pueden con el laste y  meditan sobre la áspera prosperidad de ciudadanos cada vez más asustados, desalentados, sin motivación para emerger.
Sumidos, con el agua hasta el cuello entraremos a la fase del lenguaje natural y crudo, que señale inmisericordemente la realidad profunda del hombre en sus ideas más rasposas.
Los que no dan su brazo a torcer y son enemigos de las reglas más elementales, la mayoría trae enmarañado el pensamiento, su falta de fe implica que vuelva el Salvador a ofrecerles que metan los dedos en su costado. La higiene trata de impedir que el coronavirus mueva montañas. Ojalá y todos construyéramos un muro de asepsia con nuestras creencias, con nuestros principios. Porque a lo mejor muchos estamos luchando contra el virus en una trinchera equivocada. No es la escudilla de peltre en donde mejor se hierve el agua.
Hay muchas mujeres que salen a la calle sin delantal.Por ello el paisaje detrás de la ventana es la llave para entrar a mi hogar. Más vale cerciorarse que ir a conseguir un ventilador. Ya la prensa nos informa a diario de caídos a quienes teníamos en el nicho de los inmortales.Por eso es chistoso que los beligerantes contra el virus se lancen al contagio final sin lentes para el sol. Aunque los veamos radiantes con sus tendedero de informaciones infundadas y una escasa posibilidad de vencerlo. Es muy triste que informados y celosos, viajemos en el mismo barco apiñados con los desinteresados en los mínimos criterios para salir a la calle. La vida nos sigue aventando piedras.

sábado, 9 de mayo de 2020


Mi casa ya no es mi casa
Mi casa, su casa y lo que decimos cuando hablamos de nuestras propiedades, ya no es mi casa. Acá vinieron a refugiarse hormigas, sapos, alimañas y toda clase de moscas con sus gérmenes y bacterias que da miedo convivir con ellas. Aparte tenemos dos máscotas que producen desechos como si fuera una fábrica.
Y es que somos pobres. ¡Qué si no!
Es bueno y no, ojalá vinieran besuconas para que acabaran con todas esas alimañas, sobre todo las arañas, creo son las más molestas, porque cuando pasas una puerta te embarras de sus babas. De que mi casa es un pueblo, es un pueblo.De que está poblado, está poblado.
De que la higiene es una conquista costosa, es una conquista muy costosa.
Y así te puedes ir repitiendo como José Alfredo porque estas que te vas y tevas y te vas y no te has ido.
Y tú de mártir, porque nadie vino a tu rescate, porque delos que esperabas algo están luchando por salvarse. En fin, ¡Dios dirá!
Y que los imponderables luchen entre ellos, que yo me cuido sólo. Sólo vales más.¡ Y sólo vales madre!
Lo de hoy es el germen patógeno, mañana Dios dirá. En casa te conviertes en un bicho. ¡Y qué bueno! Porque si te metamorfosearas en animal, para estas alturas ya fueras peòn del patio o caporal del corral.
Con gnas de colgar un letrero en la puerta de no hay vacantes, pero no existen bichos o zarandajas que sepan leer poesía.

jueves, 7 de mayo de 2020

revistaTintaGdl.blogspot.com

                                                                           COVID-19

                                                                                                                      Hace tres días que no fumo.
                                                        Se me acabo el tabaco.
Me tocó ya yo ser admitido en mi trabajo a partir del 19 de marzo. Por ser mayor de edad. Todo bien dije, salí y regresé a casa. Preocupado por mi familia, hasta ese momento desconocía el virus, no sabía a qué nos íbamos a enfrentar y jamás pude imaginar que tipo de enemigo era ese virus.
Estuve en evidencia por días, sordo, distraído, a ratos pensativo y con sueño errático. Digo yo que nos pasó a todos. Recuerdo que con el primer amigo que platiqué me dijo: “Ojalá esto se acabe pronto y podamos festejar el día de tu cumpleaños”. Y entonces me cayó el veinte de lo que estaba pasado. El tiempo se agotaba, la palabra clave era indiferencia para muchos y para los más una advertencia de que no fuéramos indiferentes, cuídate para que cuides a los demás y los demás te cuiden.
Son momentos en los que ves lo que ocurre a tu alrededor y casi nada te gusta, jornadas nubladas de poca luz espiritual, social, económica y de semanas en que la jerarquía mental que tanto presumías se devalúa porque se devalúa.  
  Lo deleznable son casi todos los medios electrónicos patrocinados por  la derecha conservadora, que arremete con fuerza a fin de desestabilizar al régimen. Y esta clase social es peor que la pandemia, solo miran lo económico y si va a haber modo de hacer negocio con la enfermedad e incluso con la muerte. Lo que más le urge a México son nuevos empresarios, no más humanos ni más justos, sino empresarios que no crean, como afirman estos, que son los  dueños de vidas y haciendas.
Prensa y medios se perdieron hace rato, ellos quieren muertos o escenas inhumanas de gente que muera de la manera más atroz y les permita grabar, su afán no es informativo, su consigna es culpar al régimen de todo lo que tenga asomo de que actúa mal y a destiempo. La historia ya les tiene un lugar a todos esos periodistas procaces  a quienes la gente, el vulgo denomina “chayoteros”.
Creo que eso provocó que mi sueño se alterara varias noches y que me avocara a tomar mi té relajante muscular y nervioso antes de acostarme. Desde hace tiempo sospechaba yo que en mi ancianidad no iba a padecer retardo en dormirme, pero ahora me queda claro, la literatura es y será el mejor bálsamo contra el insomnio. Las peores madrugadas las pase con los ojos bien abiertos muchas horas, en cuanto fingía dormir o espantar elfos , gnomos y duendes. Venía el platillo fuerte y aparecían como en las cruzadas, ejércitos de personajes, comandados claro por Ricardo Corazón de León y esas legiones provocaban miles de aventuras con argumentos patentados por el Rey Mocho. Entonces daba rienda suelta al rollo y la película duraba eternidades pero entre más avanzaba el libreto más relajado me sentía hasta que el cansancio, la rapidez de las escenas y los colores penetrantes vencían mi vista y cerraba los ojos. Cuando despertaba saboreaba la duermevela y llegué muchas veces a desear que ojalá volviera la falta de sueño. Para mi enfado eso pasó más rápido que pronto. Y cuando quiero tomar por los cuernos la realidad, me doy cuenta que es espantosa, pero también hago consciencia de que nosotros los pobres terrícolas nos propasamos con nuestro planeta y que este encierro ojalá contribuya a desintoxicarlo un poco y resarcirle los daños que hemos causado, eso sería si nosotros como los griegos buscáramos la justicia con el fin de llegar a la verdad. Y Si como Pitágoras usáramos la geometría con el fin de armonizar el pensamiento griego, pues pronto estaríamos en otro mundo. En otro momento estelar del pensamiento y del estudio fecundo.                                                    
   

Me tocó ya yo ser admitido en mi trabajo a partir del 19 de marzo. Por ser mayor de eda
Estuve a punto de escribir un letrero: “Prohibido mirar noticieros por televisión, sólo contribuyen a que te deprimas, además de propiciar culto a la mentira, o a la noticia con fuertes intereses como patrocinadores”.
El qué y el cómo a la inmensa mayoría todavía no nos queda claro después de 39 días, inferir cómo salir de esto es muy desgastante y costoso. Pues cualquier mal comportamiento te puede llevar a pensamientos autodestructivos y sumirte en enfermedades mentales o atrofias irreversibles. Hambre y pensamientos de que valemos muy poco son insuperables. Nuestros deseos agonizan, son impropios.
A todos nos ha deshidratado el pensamiento de lo poco que somos para la naturaleza. El karma ya llegó a su punto de relente, la mirada se centra en los laboratorios, en las vacunas y nos llega la decepción y pensamos que nuestra ciencia está en pañales, que nuestro prójimo debería ser científico, que nuestro alrededor es un peligro y la creencia antigua del sacrificio toma más vida que nunca. Aunque personalmente creo que ya sacrificamos más de la cuenta y de que nuestra penitencia apenas inicia. Pero como con las comidas malas, nadie quiere más.
Nos basta desear. Algunos no quieren pan sino salir de atolladero. Desear en inútil. Ahora si que todo lo sólido se desvanece en el aire. La mirada se estacionó en el presente continuo en el que se nos obliga a vivir, quédate en casa, antes de que pares en un hospital con tubos para que puedas respirar.
A que esfuerzos nos someterá este maldito virus, nadie lo sabe. Las caras de la gente cuando habla de síntomas y enfermedad son de incertidumbre, hay un contagio de pensamiento soterrado, encargado de que lo oculto melle tu entusiasmo, de que tu ánimo vaya contracorriente como nunca. Ese daño psicológico a mucha gente débil  lo acompañará siempre. Lo desanimará y en muy probable que lo proyecte a situaciones inverosímiles.
Por ello los políticos nos hablan de que los graneros están llenos, para que la gente no tenga la amenaza de la hambruna, porque la pobreza vendrá porque vendrá, millones de gentes seremos más pobres. Iremos todos en un río revuelto sin charanga ni pandereta, pero con restos de enfermedad, de mugre y malos olores. A mis pensamientos acerbos tengo que agregar tragos amargos de abandono de las musas. De por sí soy escéptico por mi naturaleza lectora, con esto sólo intentaré que califiquen mi expediente para ser admitido en el club de amargados o ser , con mucha suspicacia anotado en la lista de agnósticos. El qué, después de tantos amaneceres con pandemia lo tenemos cada instante más diáfano, lo que nos sigue obligando a la oblación, quieras o no. La privación tiene como fin aniquilarnos, malbaratar nuestros derechos elementales, perder nuestro poder ciudadano, ya no podemos aspirar a empoderarnos solo nos queda obedecer a un infectólogo o a un político pendejo que cree haber cursado estudios superiores de infectología.
La parte triste son las profecías , lo cabalístico en este 20-20 apocalíptico , los augurios están en nuestra contra, de repente nos sentimos solos, desamparados, a muchos de nosotros confiar ciegamente en lo religioso no nos ajusta, nos rebasa fácilmente. Nuestra ceguera es ancestral, hemos estado obligados a pensar que vivimos en el siglo de los avances, de la ciencia, de lo que nos conviene a todos, de los aparatos que facilitan nuestra vida, de los eventos grandiosos, de aportes a la moda y a nuestra calidad de vida. Pero con este parón nos damos cuenta que no es cierto, que nuestra vulnerabilidad es lo de hoy, lo que nos contraria, lo que nos persigue como si fuéramos una especie de criminales, sacrílegos, antipensantes.

Una predicción nos ha dejado atónitos, con carencia de pensamientos racionales, que nos lleven a consensos amplios, menos catastróficos. Hay muchos que disparan su preferencias a distintas distracciones que se ofrecen como material apetecible para salir del confinamientos. Pero  las palabras nuevas, los emblemas y los comerciales se niegan a incluirlas como palabras normales y ahí estamos, en ese estira y afloja que el lenguaje rebuscado nos ofrece cada día. Y todo porque no podemos compararnos con nadie.

 Lo que sobresalen en la avanzada son las culturas que al llegar a casa se quitan los zapatos y correr al lavabo a lavarse y las manos. Agua y jabón, pero nos cuesta tanto trabajo entender que el H2O y la legía podrían alejarnos de un contagio que ya uno ni sabe.
 Que muchos pronto empezaran a confundir el negro con el blanco porque la charlatanería dice compra este cubrebocas y otro, una careta de calidad es lo que más te protege y otros te regalan un tapabocas, simbólico o no, es lo que hay. Pero el asunto interesante sería saber si todos vamos a participar en el Apocalipsis, si se nos permitirá opinar, obvio que si no vimos el principio del mundo estaríamos interesados en ver el final, al menos yo sí.
Esto nos conduce a darnos cuenta que las jaulas de oro sólo son adornos para canciones folclóricas.  Para mercachifles y anunciantes de panaceas oblongas, pero cuyo efecto equivalen a una comida sin sal, a carne sin vino tinto, a hojuelas sin miel. O sea la publicidad también está en entredicho y mira quien la vino a poner en evidencia. Para que quieres comprar un coche si no te dejan salir, para que llenas el tanque de gasolina si no lo vas a usar. Y así le sigues hasta el aniquilamiento total. Hasta que seas enterrado en una fosa común sin que te despidan. Eso es lo que tiene a la publicidad sumida en su peor crisis. El futuro incierto se nubla, se obscurece, da rastros de intención de no dañar más a nadie y provoca que unos y otros dejen de interactuar para reanimar el consumo.
Es el Apocalipsis parte esencial de la publicidad del futuro. Porque está pandemia ya nos demostró que no somos tan competitivos, si usas Nike u otra marca famosa igual estas expuesto, tus debilidades son las mismas que todos, tu organismo no está inmune por usar atuendos caros. Un gen desbocado a cimbrado a toda la humanidad. Nos tiene en jaque. Tu antigua pregunta sin importancia nadie la escucha por la magnitud de lo que enfrentamos. Qué somos ante eso. Si algo nos ha enseñado esta pandemia es que tu debes ser tu propio guía. La desconfianza la llevamos en la médula de los huesos. Nuestra sangre está encendida desde hace cuarenta días. Todo los que se nos aproxime tiene la sospecha de ser un germen extraño, de ser esa bacteria que nos deposite al límite, a la agonía. Y entonces el apocalipsis ya no es algo extraño y el estasis cada vez más se desvanece. Por ello para muchos la amenaza del agente patógeno nubla el futuro, ya tenemos ese sentimiento de que no avanzamos, lo realmente significa un retroceso. Estamos tentados a pensar que el Apocalipsis empezará cuando espiemos nuestras culpas. Pero nuestra sociedad se empeña en culpar a los demás y sus truenos van dirigidos principalmente al gobierno. Se nos olvida que nosotros “elegimos” ese gobierno al que ahora desconocemos y en quien desconfiamos. Y otra vez para atrás, otra vez a formarnos en la cola de las oportunidades. En que alguién diga, cancelamos la amenaza de Apocalipsis, pasen a registrarse para que les otorguen un carnet para que puedan circular por ciertos lugares y a ciertas horas. Y que los dueños de todo, otra vez, cuando te den tu cheque , parte de ese salario les corresponda. O sea lo subliminal jamás abolirá el acaso.
Por eso la pregunta de qué haremos cuando termine esto, no tiene sentido.  Más bien hay que pensar, que si nos siguen afectando qué es lo que después nos obligarán a hacer. A que otro sacrificio nos someterán, que al fin y al cabo ya parecemos mansos corderitos sin dueño.
La novedad no se puede publicar, mientras seamos disfuncionales para reencontrar el camino a la normalidad, la enfermedad la llevaremos tatuada, y nos convertirán en sufridos, convalecientes permanentes. ¿Y la vacuna? Nos haría dejar de pensar en la acción patógena. ¿Y mejoraremos nuestro sistema sanitario? Aunque la verdad la gente está cansada. Y como todos estamos bajo el yugo de la incertidumbre. Y generamos  el metalenguaje prodigioso, es decir palabras que saturan la palestra, encierro, respiradores, brote, patógeno, asintomático, pruebas rápidas, contagio, distancia social, máscara, gel antibacterial, cubrebocas, gen y toda una terminología que ni entendemos por ser parte del lenguaje científico.
Relegación o destierro, todos bajo vigilancia, obligados a vivir en la estrechez, en un área irracional, conforme a un estándar. Yo sólo miro una pared que hay enfrente y a la espalda un cerro sin vegetación a 1700 pasos. Procuro no mirar a los lados ponqué entonces tendré la sensación de estar en la cárcel. Por lo que la clausura del paisaje resulta radical, por irrecomendable en lo emocional, y  porque tu jurisdicción sanitaria se pulsa sin adecuaciones, poner un cordón en la alberca no es suficiente. Lo primero que piensas es que el arquitecto que diseñó la casa era de pensamiento muy limitado o que vivir en un coto ofrece pobres resultados.

Una desgracia es que hemos vuelto a los tiempos del amor de lejos. A tomar distancia que para eso lo practicabas diario en la escuela. A los vecinos les hemos quitado el habla, la reducción tan drástica, omite toda situación comunicativa. Sólo se permiten tres palabras entre hablante y receptor.
-Cómo estás?
-Bien.
Bye. (el cual nunca pronuncias, sólo lo piensas)
O una infrecuente conversación amplia, cuando el vecino sale al balcón y el diálogo se desarrolla a cuatro metros de distancia o más. O sea la amistad convertida en una caries. La lengua plegada o pegada, el oído solo capta la inmediatez, apetecemos salir a recobrar la visión periférica tan atrofiada, los ojos cada vez se reducen su ángulo, la mirada ahorradora busca una patente. Imposible divisar si ya venden pitayas, o si los primeros mangos de la temporada están dulces.
Por eso es que la canícula 2020 se aproxima como sombra amenazante y los amplios argumentos para disfrutar lo que la naturaleza nos obsequia,  si no hay  comunicación, porque cuando sales de casa una vez al día no te encuentras con nadie y eso hace que añores más a los amigos, a los hermanos, a los compadres. Extrañas todo ese mundillo que te distingue, te arropa, te busca y los buscas, como los amigos del café, por ejemplo.  Y si el habla se contrajo tanto a grados que nunca ni pensaste, como programar una reunión o protesta en contra de las disposiciones y de las reglas elementales de no contagio.
La vida pública se desdibuja, su horizonte es como un esfumato. En momentos que lo efímero quiere permanecer como circunstancial. Y que lo absurdo intenta día a día una plena e incuestionable legitimidad. Cuantas enseñanzas y cuanto efluvios artísticos nos visitan y que los modelos parecen rebasados, inciertos como sombras en esta cortedad, en esta cuaresma interminable. Ayunos estamos de elementales satisfactores, de esos que son gratis, como cuando te encuentras o te cruzas con una persona desconocida y al mirarla te sonríe.
Lo que me pasa a mi nos pasa a todos, pero la mayoría tenemos los sistemas inmunes deñados por alimentarnos  esencialmente con chatarra, por no escuchar a nuestro organismo y por desdeñar a los nutriólogos. La verdadera crisis encalla en la forma de gastar de más doctores, por no invertir en nuestra salud. El tiempo en el timón sin viento y sin rumbo. Con poco sol, mi piel ha comenzado a ser menos prieta. Y esa parte del atroz clima, con aire  tinte enrarecido, que achatan nuestra fe, y convidan a que optemos por el no salgas, lávate las manos, báñate, limpia todo, lava las llaves del auto, limpia la cerradura de la casa, ponte guantes, no te quites el cubrebocas, rocía con cloro la suela de tus zapatos, quítate la ropa al entrar a casa, cámbiate los zapatos, esto ya parece una letanía. Y  chingadera y media más. Y entonces si te entra la duda y cuestionas en voz alta ¡qué tan cabrón es ese virus!
A veces quedarte en casa no conduce a una inmunidad de las afecciones. A nadie nos gustan las estrecheces, ni forzadas ni aceptadas. Y mi parte íntima, o lo que entiendo por intimidad podría titularse el largo mes de abril y su prolongado aburrimiento. Solo la luz primaveral actúa a nuestro favor. Porque tan luego anochece y el viaje alrededor de mi cuarto pasa a ser la universidad del aburrimiento. Y es cuando entiendes que la neta, te supera, te rebasa, te obsede. Porque el aburrimiento mata. Yo he escuchado a mucha gente decir estoy muerta de aburrimiento.
Lo primero que me viene a la memoria es La guerra de treinta años. Nada tiene interés de lo que miras a tu alrededor. Y te rehúsas a seguir un tratamiento, a lo más que llegas es a tomar un té relajante, sólo algunos pocos gozan al compartir su encerrona con alguién que le de un ligero masaje. Los sentimientos subyacentes afloran inoportunamente, interfieren a la luz, a la felicidad que podría ser el amanecer, el canto matutino del pájaro, que para ti simboliza el estar vivo. Porque la vida no es tan gelatinosa, ni tan endeble como una reclusión te hace pensar en lo feble, en lo falto de circunstancia o motivo.
9
Pero es curioso que cuando estoy despierto y recostado mirando el muro, o como diría Moustaki: Les  quatre murs pienso siempre en la plasticidad y maleabilidad del cerebro, como algo viviente, único, que te puede sacar de cualquier apuro, aunque las preocupaciones tengan otro método de resolución. Creo que por eso muchos cuando están en su cuarto encienden la luz artificial. Porque para luchar con el aburrimiento se necesita ayuda. Pues el simple viaje de los alrededores de tu cuarto puede ser sencillo o interminable, pero hay veces que nada de lo que hay te atrae o es interesante, y reniegas de embotarte. Jamás la puerta del desenfado permanece abierta, se necesita de trabajo mental para abrirla y salir y gritar a todo pulmón ya me enfade.
Si pagaste un alto precio por salir de enfado total, cuando lo traspases, nadie te va a aplaudir, porque si no sabías para vencer la abulia que provocan los cuatro muros no hay consejo que valga, ni pastillita de me vale madre ni nada, te tienes que desaburrir con tus medios, trucos y tretas propias, con creatividad , con energía positiva, algo muy parecido a lo que te recetan en el diván de tu analista. O imaginas ver al amanecer un colibrí que ensaya y sugiere colores y caminos para colorear el planeta con trinos y nubes de amponas.
En fin, cada uno luchamos contra el aburrimiento y cada uno  se da sus mañas para salir de él. Pero creo sinceramente que jamás lograremos vencerlo. Y si lo dominan, pasen la receta.
Lo ideal sería que todos heredáramos una biblioteca con afinidad. Dice Jung que la biblioteca representa el seno materno, o sea un refugio de primera clase para estos momentos que nos decidimos por interrumpir este embarazoso asuntito. Pero como de el seno es lo que sentimos y queremos, la contingencia nos arroja, nos expulsa y pasamos a ser reprimidos, quédate en casa, haz esto, haz lo otro. Comete estos sobrantes porque lo que te apetecía  ya se acabó. Y cómo desligarnos de nuestras afinidades inmediatas, de las culpas ya las echaremos en un aparte y a la espera de. Y si, sí soy un atolondrado porque así me quieren tener los poderosos, los que mandan, los que nos explotan, los que saben que queremos y nos lo venden envuelto como caramelo. Ya no busques querellas, indaga como  
liberarte, necesito un sermón como el de la montaña para ir poco a poco empoderándome.  Ya estuvo de miserias, de emparedado no tengo ni la cal ni la arena. Pero luego aparece la otra voz, sin que la llamen, porque ha estado y estará presente en nuestros días: estamos frente a un virus con una sensación de vacío e impotencia.
Y eso para ti que vociferas, que eructas y sueltas blasfemias a más no poder. Y los dicterios poco ayudan a desarmar este tinglado, desde el día que sentimos que estábamos en la inmersión, supimos que el núcleo de esta pandemia todavía esta perdido. Pinches ideas condicionantes que atosigan una y otra vez, como si ellas nos convirtieran en esas piedritas que se van rondando hasta el fondo de la barranca, por eso odio y desprecio esta tragedia en la que nos hicieron empeñar la vida como apuesta.
Cómo es posible que nuestro gran y potente universo de genes no encuentre uno contra el COVID-19 y que nuestra inmunidad quede entre la espada y la pared. Y como es que los temidos patógenos se aprovechen del desequilibrio de nuestros genes, será cierto que el uso reiterado de las penicilinas nos han restado inmunidad, que nuestro organismo ha mermado por el uso reiterado de antibióticos. Nosotros, a quienes nos hicieron creer que vivíamos en el otoño triunfante de la existencia, que la ciencia y sus solidas barreras nos venían ofreciendo una vejez alargada. Incluso la ciencia moderna creyó desde el siglo pasado que la naturaleza se contaba como elemento bajo su dominio. Pero nadie contaba que la cadena de causas y efectos sería fácilmente destrozada.  Por ello estamos siendo interrogados durante cuarenta días y cuarenta noches. Somos puestos a prueba para ver si somos capaces de “restablecer así las conexiones de la naturaleza. Se obtiene entonces la experiencia superior, el objeto verdadero para que el sujeto, que lo conoce, se conecte siempre de modo esencial”(*)
Axiomas y principios están en evidencia, como ese de que conocer algo significa remontarse a sus causas. En qué parte del mundo la intuición científica dará el paso gigantesco que todos anhelamos. Este virus será un acelerador para la ciencia y modificará profundamente las condiciones culturales, sociales de la vida moderna implementando propulsores relevantes. Porque el juicio formulado desde el plano teórico abarcará todas las consecuencias de este giro.
Lo cierto es que no tenemos un punto de certeza, solo malas experiencias y algunos datos, lo que tenemos es un virus sobre nuestros puntos, los del cuerpo y los de la medicina preventiva. Y se están formando dos bandos, los que a todo le ven el lado favorable, y los que solo tienen ojos para lo desfavorable y son presa de sus residuos de pesimismo.
Si al fin de este paseo en el Arca de Noé nos iluminamos con la chispa ecológica y decidimos restablecer los daños a la naturaleza y comenzamos a comportarnos de manera más pertinente, sin descuidar el no hacer más daño. O nos centramos en la infección y acatamos la obligación de repetir y repetir experimentos en busca de una vacuna, antibiótico y otros medicamentos.
Pinches políticos vivales, parece que tomaron un curso de infectología en una academia patito y ya se creen doctorados y con especialidad en esquilmos al presupuesto, a todos nos caga que sean los que tienen la potestad, con lo que les interesa la salud del pueblo.     
(Continuará)    
(*) Giorgio Colli                                                                                                                                    Juan Enrique Rodríguez B.