El camino del 2020
La primera parada de esta
peregrinación nos abandonó sobre el cascajo, sobre el advenimiento. Y por qué
si seguíamos las huellas del paraíso de repente este virus de tránsito libre nos pone en camino
del infierno terrestre.
Como si fuéramos juguete de la
política. Estás arriba, estás abajo.
El camino hoy día no conduce a ninguna
parte, das un paso y aparece un letrero, una avioneta anunciando quédate en
casa. O te puedes topar con un anuncio: “Estás es una zona de contagio del
coronavirus”.
Y tú acostumbrado a salir de tu casa sin
medidas sanitarias, sin obedecer todas las recomendaciones de abandonar el
hogar con seguridad.
Sabemos que dejas tu residencia y no
puedes predecir si regresas o no. Lo que la calle ofrece en nuestros días está
cargado de una plasticidad contagiosa que equivocarte te conduce con seguridad
a tu peor pesadilla.
El aquí y ahora no es un movimiento
artístico sino una oportunidad, salgo de casa con todas las condiciones a mi
favor y regreso al hogar a ofrecer seguridades y un mantenimiento eficiente de
no contagiar a nadie.
No cruzas la puerta para ir a jugar,
lo haces por necesidad.
Todos ya sabemos que los “caminos de
la vida no son como yo quería”, que dar pasos fuera de tu residencia implica un
porcentaje riesgoso, pero tu sana distancia, tus atuendo tipo armadura
medieval. No le hace que más de algún vecino mira “ahí va el viejo loco
medieval”. Ya nos llevamos, vecino.
Pero así somos, mi mujer siempre me
dice ya viste lo que hizo el borracho. Lo dice para referirse al vecino, que
desde que alguien lo encarriló en el vicio a comenzado a destruir todo lo que
lo rodea. Pero la condición del vecino no es más que una metáfora de lo que nos
puede pasar si no cuidamos nuestra actuación y nuestro comportamiento. Para qué
dar de que hablar. Pero cada uno nos manejamos de forma diferente, tú y los
tuyos, yo y los míos. Tus pecados no son mis pecados. Casas, restaurantes,
alojamientos, negocios, talleres, parques y otros lugares públicos han cerrado
sus puertas. Y nosotros que no queremos que nos digan pedantes seguimos poniéndole
buena cara a la vida. Ofrecemos lo que tenemos a nuestro prójimo. Porque
queremos que lo mejor de nosotros reluzca y tome curso para que todos
enfrentemos la pandemia con la cara en alto. Y sobre todo no te pueden explicar
por qué 2020, es fin de qué. Es el comienzo de una nueva era, o como a veces
decimos: solo son ganas de chingar.
Sería bueno que al salir de la reclusión
encontremos pronto las arterias del progreso, del disfrute pleno de la calle,
del parque que nos hacía guiños y de los casinos que nos ofrecían la riqueza
pero que rechazábamos porque es mejor tener mucha salud que dinero.
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