martes, 12 de mayo de 2020


El camino del 2020

La primera parada de esta peregrinación nos abandonó sobre el cascajo, sobre el advenimiento. Y por qué si seguíamos las huellas del paraíso de repente este  virus de tránsito libre nos pone en camino del infierno terrestre.
Como si fuéramos juguete de la política. Estás arriba, estás abajo.
El camino hoy día no conduce a ninguna parte, das un paso y aparece un letrero, una avioneta anunciando quédate en casa. O te puedes topar con un anuncio: “Estás es una zona de contagio del coronavirus”.
Y tú acostumbrado a salir de tu casa sin medidas sanitarias, sin obedecer todas las recomendaciones de abandonar el hogar con seguridad.
Sabemos que dejas tu residencia y no puedes predecir si regresas o no. Lo que la calle ofrece en nuestros días está cargado de una plasticidad contagiosa que equivocarte te conduce con seguridad a tu peor pesadilla.
El aquí y ahora no es un movimiento artístico sino una oportunidad, salgo de casa con todas las condiciones a mi favor y regreso al hogar a ofrecer seguridades y un mantenimiento eficiente de no contagiar a nadie.
No cruzas la puerta para ir a jugar, lo haces por necesidad.
Todos ya sabemos que los “caminos de la vida no son como yo quería”, que dar pasos fuera de tu residencia implica un porcentaje riesgoso, pero tu sana distancia, tus atuendo tipo armadura medieval. No le hace que más de algún vecino mira “ahí va el viejo loco medieval”. Ya nos llevamos, vecino.
Pero así somos, mi mujer siempre me dice ya viste lo que hizo el borracho. Lo dice para referirse al vecino, que desde que alguien lo encarriló en el vicio a comenzado a destruir todo lo que lo rodea. Pero la condición del vecino no es más que una metáfora de lo que nos puede pasar si no cuidamos nuestra actuación y nuestro comportamiento. Para qué dar de que hablar. Pero cada uno nos manejamos de forma diferente, tú y los tuyos, yo y los míos. Tus pecados no son mis pecados. Casas, restaurantes, alojamientos, negocios, talleres, parques y otros lugares públicos han cerrado sus puertas. Y nosotros que no queremos que nos digan pedantes seguimos poniéndole buena cara a la vida. Ofrecemos lo que tenemos a nuestro prójimo. Porque queremos que lo mejor de nosotros reluzca y tome curso para que todos enfrentemos la pandemia con la cara en alto. Y sobre todo no te pueden explicar por qué 2020, es fin de qué. Es el comienzo de una nueva era, o como a veces decimos: solo son ganas de chingar.

Sería bueno que al salir de la reclusión encontremos pronto las arterias del progreso, del disfrute pleno de la calle, del parque que nos hacía guiños y de los casinos que nos ofrecían la riqueza pero que rechazábamos porque es mejor tener mucha salud que dinero.

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