Un hálito de posible solución
“Quiero escapar,
quiero salir/Quiero reunirme junto a ti/No aguanto más la obscuridad/me falta
el aire para respirar. Dice la canción de Warcry.
Este estado de ánimo está fijo, en una
parcela ajena al orden humano. Porque cuando se habla de un periodo de
aislamientos en tiempos normales (aunque ya no hay tiempos normales) el entorno
es un santuario. Aunque en realidad vivamos con el tragaluz como única opción.
Describir de manera sencilla y con economía de palabras la pandemia no nos
llevara a ningún lado. Porque el COVID-19 nos ha expulsado de nuestros paraísos
artificiales. Hoy el virus cobra caro por viajar más allá de tu habitación.
Amenaza todo, cruza océanos y malogra la atmósfera, su actitud desaforada
desvanece el hábitat.
Cuando pensamos en los habitantes del
año 999 y estaban ofuscados por que llegar al año mil significaba destapar la
caja de Pandora y luchar contra todos los demonios, más la obscuridad y las múltiples
plagas que amenazaban con asolar y destruirlos. Es entonces que ocasionalmente
usa un velo para engañarnos, pero su insistencia se vuelve cada vez más
intranquilizante. Por ello vivimos con nuevas consideraciones cada vez,
sobrevivimos al día, con todo el sistema hormonal enfocado al discernimiento,
no podemos hablar del mañana porque abordamos lo prematuro, lo que sí, que con
todo lo que hemos utilizado para defendernos y no estar cuerpo a cuerpo con ese
mal, vamos formalizando un cannon, unas normas que
cada día expurgamos, para no volvernos intransigentes.
Nuestro ascetismo nos encamina a una
vida monacal, con experiencias espirituales, no las mejores. Nos hemos vuelto
cantantes, médicos, guardianes, cuentacuentos y poetas ocasionales. Nuestro
carácter se ha vuelto extraño, sin chispa, sin comparaciones con nada de lo
anterior. Como si hablar del pasado fuera renunciar a la salvación. Sólo aspiramos
a la tierra media en donde los esencial sea el común denominador.
En los tiempos de la Ilustración La historia del mundo y la Historia de la
salvación eran idénticas.
Estamos todos y todas aprendiendo a
envejecer, por eso antes de irnos a la cama debemos cerciorarnos que loe cuatro
rincones de nuestra habitación sean un refugio claro y limpio, para que por lo
menos los puntos cardinales nos ayuden en el viaje.
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