Cada día que pasamos el encierro nos envuelve y ataca nuevas fibras que
ya creíamos que no existían más. Vivimos en un mundo sin aspiraciones con un
nudo hoy y el mismo nudo mañana. Todos los que creíamos en nuestra fuerza
espiritual vemos como los socavones amenazan con derrumbe.
Todas las políticas oficiales han sido una a una derogadas por la
pandemia. Los valores oficiales desenmascarados, las medidas implementadas sordas.
De algunas disposiciones elementales solo llega de vez en vez un eco. El
sistema de gobierno veja y humilla o naufraga, lo mismo da, acá todos compramos
boleto o nos lo regaló la naturaleza, su
majestad el virus parece que tiene etiqueta de imperecedero.
El coronavirus se adueñó del tiempo de millones y millones de gentes. La
razón es hoy un rollo más perdido que el eslabón, y la cadenita de Carmen. Lo
singular dela modernidad es sales y solo te jodes, o te joden con o sin careta,
un descuido y te vas directo al crematorio.Es la verdad, por eso pensamos mal
de los políticos que permitieron que el virus se apoderara de cuerpo y alma de
los ciudadanos.
En la ciudad vacía, el Realismo se impone al arte visual. La prisa, el
run run, el smog, el stress y demás telarañas andan desocupados, laxos. El
surrealismo al que todos nos abrazamos como tabla de salvación permanece paralizada.
A De Chirico lo contrataron para obscurecer con sombras los edificios. Al pobre
cisne nadie lo encuentra aunque para sacar energía negativa del organismo mucha
gente traiga ganas de torcerle el cuello. Si el museo es un socavón a
perpetuidad, el caballete sin etiqueta no encuentra su Mecenas.

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