Cuando algún
historiador escriba lo que siguió a los tiempos del COVD-19 y veamos con otros
ojos nuestra realidad, qué será lo
primero que nos hará recordar estos momentos, si con nuestro comportamiento
estamos escribiendo nuestra historia.O es que estamos mandando señales de los
mucho que la vida nos ofrecía antes de. Seguiremos aún sin saber que lo que
vivimos presentaba todas las señales de una verdadera obstrucción del pensamientos.
Y lo que sigue será La época de la Gran
Restauración. Y como lema llevará otra forma de vivir.
Pero parece
imposible, lo primero será un recuento de todo lo que nos han despojado, al
grado que muchos de nosotros quedaremos casi encuerados, nuestras baratijas en la tienda de empeño.
Nuestra base material quedará resentida y ya no podremos decir cosas como eso de
que un peso no te hace ni más pobre ni más rico, porque ni implica y no
corresponde al deseo inmediato de tener salud y luchar contra lo que venga. Un
segundo efecto serán los resultados. Una vacuna. Un medicamento eficaz. Y luego
esa visión de la realidad que al día de hoy nos vemos tan clara. No tenemos un
espejo que nos ayude a emprender el trabajo. Porque tampoco sabemos cuál será
la nueva medida de las cosas y con que mentalidad estaremos dispuesto a aceptar
o dar por hecho los nuevos principios de vida.
Cuánto estamos
dispuestos a perder. O cuánto estamos dispuestos a pagar. Qué objetos de
nuestro entorno se están desdibujando. O no se desdibujó nada y todos estaremos
padeciendo migraña. O estamos siendo demasiado optimistas y la ya famosa
cuarentena sólo es la base piramidal de otros confinamientos. Acá todo mete
ruido, todo altera el sueño. Ojalá este encierro sólo nos enseñe a vivir al
día, eso sería lo más deseable, y que por cada comida que hagas de manera
relajada en las otras dos no des concesiones y tomes porciones realmente
saludables.
Pero estoy
muy optimista desgajando la naranja, no a todos se nos da para bien el
aprendizaje, la experiencia, no todos están por sacar provecho del sacrificio a
que nos arrastró nuestras faltas, nuestros pecados en contra del entorno, de
los malos hábitos.
La vida ser
otra cosa que esa monserga que nadie quiere escuchar de haz esto, haz lo otro.
Cómete esto, compra aquello.Ya duérmete. No te malpases.
Busquemos una
regeneración pero a partir de un vínculo más completo, de coordenadas más
amplias. Comencemos con un sistema más amplio en donde la seriedad del momento seda su lugar preeminente a la risa,
simple, llana, cómplice.
Hay que ir
más protegidos pero más ligeros. Hay que apostar por la higiene de agua, jabón
y gel.
Y si
sobreviene el desencuentro y el patógeno sabe embestir hay que darle muletazos en redondo hasta marearlo. Pero tampoco
debemos olvidarnos de colgar letreros bien claros de “Peligro acabas de entrar
a una zona de alto riesgo de COVID-19”.
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