lunes, 11 de mayo de 2020

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Cuando algún historiador escriba lo que siguió a los tiempos del COVD-19 y veamos con otros ojos nuestra realidad, qué  será lo primero que nos hará recordar estos momentos, si con nuestro comportamiento estamos escribiendo nuestra historia.O es que estamos mandando señales de los mucho que la vida nos ofrecía antes de. Seguiremos aún sin saber que lo que vivimos presentaba todas las señales de una verdadera obstrucción del pensamientos. Y lo que sigue será  La época de la Gran Restauración. Y como lema llevará otra forma de vivir.
Pero parece imposible, lo primero será un recuento de todo lo que nos han despojado, al grado que muchos de nosotros quedaremos casi encuerados,  nuestras baratijas en la tienda de empeño. Nuestra base material quedará resentida y ya no podremos decir cosas como eso de que un peso no te hace ni más pobre ni más rico, porque ni implica y no corresponde al deseo inmediato de tener salud y luchar contra lo que venga. Un segundo efecto serán los resultados. Una vacuna. Un medicamento eficaz. Y luego esa visión de la realidad que al día de hoy nos vemos tan clara. No tenemos un espejo que nos ayude a emprender el trabajo. Porque tampoco sabemos cuál será la nueva medida de las cosas y con que mentalidad estaremos dispuesto a aceptar o dar por hecho los nuevos principios de vida.
Cuánto estamos dispuestos a perder. O cuánto estamos dispuestos a pagar. Qué objetos de nuestro entorno se están desdibujando. O no se desdibujó nada y todos estaremos padeciendo migraña. O estamos siendo demasiado optimistas y la ya famosa cuarentena sólo es la base piramidal de otros confinamientos. Acá todo mete ruido, todo altera el sueño. Ojalá este encierro sólo nos enseñe a vivir al día, eso sería lo más deseable, y que por cada comida que hagas de manera relajada en las otras dos no des concesiones y tomes porciones realmente saludables.
Pero estoy muy optimista desgajando la naranja, no a todos se nos da para bien el aprendizaje, la experiencia, no todos están por sacar provecho del sacrificio a que nos arrastró nuestras faltas, nuestros pecados en contra del entorno, de los malos hábitos.
La vida ser otra cosa que esa monserga que nadie quiere escuchar de haz esto, haz lo otro. Cómete esto, compra aquello.Ya duérmete. No te malpases.
Busquemos una regeneración pero a partir de un vínculo más completo, de coordenadas más amplias. Comencemos con un sistema más amplio en donde la seriedad del  momento seda su lugar preeminente a la risa, simple, llana, cómplice.
Hay que ir más protegidos pero más ligeros. Hay que apostar por la higiene de agua, jabón y gel.
Y si sobreviene el desencuentro y el patógeno sabe embestir hay que darle muletazos  en redondo hasta marearlo. Pero tampoco debemos olvidarnos de colgar letreros bien claros de “Peligro acabas de entrar a una zona de alto riesgo de COVID-19”.

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