Porque en este esfuerzo lo que si nos
queda claro es que nos aferrábamos a muchos objetos y diversiones superfluas. Y
hemos sufrido el estar abigarrados saturados en dominios impropios, emergentes.
Eso porque anhelamos el devenir, como sea, ya sortearemos lo que nos toque. No
hay más, la vela, la candela, el encendido de la obscuridad.
La tornasolada ambigüedad nos puede
enganchar para regresar por el camino a ciegas, y no podemos detenernos en el
infaltable autoengaño, porque es precisamente donde nace el error.
No podemos retrotraer la realidad, ni
depositar nuestras esperanzas en el realismo ingenuo, por más fino que sea el
hilo de la apariencia.
El nuevo encuentro con el entorno irá
a la zaga del mundo conocido. La precaución, la duda, la distancia exigirán
atención y obediencia a las nuevas reglas de convivencia.
Tus reglas, las que tus luces de empírico
te permitan.
Tus creencias te acompañaran siempre,
sean parte de tu derrotero o parte de tu incredulidad en el contagio.Porque
tenemos, querámoslo o no a los obsesionados, a los hipocondríacos y a otros
muchos que se contagian de todo.
O sea la desestabilización en los
niveles social, política, económica y salud quedan bajo nuevo resguardo. Estaremos
precisados a llevar con nosotros nuestro carnet de seguridad social?
Muy poco es el margen y las certezas y
muy pantanoso el cumulo de desconfianza de precauciones y nuevas necesidades,
las urgentes y las a largo plazo.
La gran idea de la salud está siendo
puesta a prueba como nunca. Un endiablado virus con fuerza ronda nuestro
entorno, daña nuestro aparato inmunológico. Su potencia radica es que no lo
podemos ver, no lo podemos ver, no lo podemos esquivar. Por ello cada día
aumenta nuestro temor.
Nadie está tranquilo ante las
insuficientes explicaciones de los enterados, de los estudiosos, de los que
poseen experiencias similares.
Resulta chocante por hondo y falto de espíritu
ese encarecedor manojo de falsas verdades y conclusiones disparatadas. Se deja
sentir la mano de quienes se aprovechan de mentes en reparación o es estado de
distrofia. A una gran parte de la población no le caería mal el apoyo psicológico.
Los medios electrónicos siguen
perdiendo credibilidad, pues cada comunicador ofrece informaciones con su
lenguaje amañado, que responde a intereses muchas veces contrarios al escucha o
tele-espectador. Porque los que manejan la opinión pública y la economía mundial
acaparan y pagan los espacios para favorecer sus negocios, al costo que sea
defienden sus territorios, sus productos y sus ganancias.
O sea la opinión pública tiene dueño.
Y el pueblo las enfermedades, porque a más de alguien la opinión pública lo ha
enfermado, o está a punto de enfermarlo.
Y qué sigue, a dónde vamos, de dónde
venimos.
A ese grado todos tendremos que hablar
en lenguaje científico, interesados o no, yo diría que debemos llevar un
costalito de preguntas, de dudas y de normas elementales en busca de objetivos.
Preservar la salud, amanecer como antes, con certezas, sin angustia.
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