Año cero de la pandemia
Sería de alguna utilidad en que si ya nada va a
ser igual, que comenzáramos a medir el tiempo a partir dela pandemia. Ya los
veo de aquí a diez, quince o más años decir, “yo soy de la pandemia p’aca”.
Y si estamos en el año cero, sería provechoso empezar a sentar las bases. Con
todo y que la solidez del pensamiento ande naufragando.
No solo se trata de que cada uno diseñemos nuestro
atuendo y nos esmeremos en usar una careta totalmente original e irrepetible.
Eso siempre y cuando tu diagnóstico y tu horóscopo coincidan, si no , pues lo
que quieran los dioses.
Pero lo de hoy es cómo salir de la parálisis,
de fondo o de medio fondo. El virus a succionado nuestra diaria actividad, el
que diga que hace lo mismo que antes de la encerrona, miente. Con decirles que
la perdiciones de los hombres ya no son las mujeres, sino el coronavirus. Y tus
amistades, ya no son tan amigos como antes, y menos si la persona cercana
viaja, o comparte un auto, o dejó de admitir riegos.
Ahora todo cuerpo cercano es sospechoso y
algunos cuerpos ya tramitaron su etiqueta de enemigos. Don angustias casi, casi
es llevado a los altares. Y muchos con y alma de inmortales son considerados
idiotas, por arriesgarse a contagiarse y contagiarnos. Lo cierto es que el
resto de nuestra vida el mundo será necesariamente más sano. El volver a
imponer nuestras condiciones y reservar el derecho de admisión se ha vuelto
algo simbólico. Los productos
autoaderentes son ya un peligro, algo latente. Muchos objetos en nuestro
entorno serán declarados dentro de pocos días cosas de gran inutilidad.
Y así nos acercaremos a conservar en buen
estado muestro organismo, el cual debe ser súper robusto, para que pueda superar cualquier contagio intento
de deterioro en la salud. Ser sano hoy día es insuficiente.
Ayer se suscitaron largas colas de energúmenos
para adquirir cervezas, lo que para muchos resulto un exceso más, pero para
otros fue un gran escándalo. Y así iremos concentrándonos y desconcentrándonos,
con toda la razón, mientras otros parecen haberla perdido. Por ello los seguros
de gastos médicos se han convertido en prioridad, así como un ventilador para
una emergencia. De aquí a que se encuentre una cura eficaz o una vacuna más
vale que encendamos una vela, a no tener que aguantar toda la obscuridad.
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